En el PP son manifiestamente contrarios a la OPA de La Caixa sobre Endesa con guión apasionado; pueden esgrimir argumentos, ya que también lo fueron cuando estaban en el Gobierno y bloquearon sucesivos intentos de concentración en el sector energético. Pero su oposición no puede fundarse en el anticatalanismo ramplón utilizado por cercanos a la calle Génova. Rajoy tendrá que razonar en Barcelona en términos que no molesten a su parroquia madrileña y que tengan fuste para acreditar que sabe la lección, que sus años en el gobierno sirvieron
para algo.
El profesor Estapé, en su columna dominical de La Vanguardia, aludía ayer a la perseverancia de Rajoy; pero no era elogio. Se refería al «pasar desapercibido» del líder popular por demasiados cargos. Cataluña es el 20% de España, demasiado para pasar desapercibido por allí y llegar a gobernar.
La información sobre Cataluña a Rajoy le llega de su partido, donde se conllevan los de Piqué y los de Vidal Quadras; y también de su hermano, registrador de la propiedad que actúa con prudente visibilidad. Con esa información sabe que tiene que moverse con elegante cautela para no ir a menos.


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