Ha sido condenado a un año de cárcel un mendigo por robar media barra de pan en Badalona. Tenía hambre y en su desesperación agarró de la solapa a la dependienta, que sostenía la barra. El juez justifica con ello el robo con violencia.
Además, cómo no sabían donde notificarle la citación judicial, a la primera vista no acudió y lo declararon en rebeldía. Deberían saber los mendigos hambrientos que hay que robar pidiendo antes por favor y notificar a la justicia en qué banco o cajero duermen cada noche. Desde sus púlpitos con toga, la casta superior ha hablado. No es el único caso. En Madrid, un joven parado lleva dos meses en prisión por robar dos pizzas.
Fue una gamberrada y el coste de lo robado no supera los 25 euros, pero como el motero que las llevaba fue empujado por él, considera su señoría que se trata de un robo con violencia. Para unos tanto y para otros tan poco.
Estos días un tribunal valenciano pide 16 años de prisión para Fernando García, el padre de Míriam, una de las niñas asesinadas en Alcásser, por criticar el tribunal que juzgó el asesinato de su hija. Les apuesto lo que quieran a que el presunto asesino de Marta del Castillo, la chica de Sevilla, no cumple ni 10 años de condena por su asesinato. ¿Para cuándo un ministro de Justicia que dimita por estos motivos y no por sus errores políticos?


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