La santa homeopatía

El «agua bendita de la santa homeopatía». Así la llama un buen amigo médico, Víctor Sanz. Ahora, la revista científica The Lancet ha publicado un estudio comparativo de todos los experimentos sobre la homeopatía realizados con garantías metodológicas. La conclusión: «No hay evidencia convincente de que sea superior al placebo».

Pero más importante es el editorial de la revista, donde dice que, a pesar de 150 años de resultados desfavorables, «cuanto más se diluye la evidencia para la homeopatía, mayor parece su popularidad». Especialmente sangrante es el caso de nuestro país, pues la ley del medicamento permite su comercialización –y agárrense los machos– sin haber probado su efectividad. ¿Por qué no se exigen las mismas pruebas que al resto de los medicamentos?

Los remedios homeopáticos son de risa. Para hacernos una idea: tomen un grano de arroz, tritúrenlo y disuélvanlo en un bol de agua del tamaño del sistema solar. Ahora llenen un vaso con esa disolución y viértanlo en otro bol del mismo tamaño. Repitan esto 100 veces: el vaso final es un potentísimo medicamento homeopático.

¿Qué contiene? Agua y sólo agua. Ya se imaginan por qué los medicamentos homeopáticos no listan su composición química en la caja... En una dilución estándar tendría que beber 29.803 litros para esperar encontrar una molécula de la supuesta medicina. Y, ¿de dónde se sacan que el hígado de pato cura la gripe? Si la sufre y va a un homeópata, le recetará Oscillococcinum, un preparado de un microbio que vive en el hígado del pato de Barbaria. Pero lo mejor es que tal bicho ¡no existe! Vendido a 13 euros las seis dosis, es un preparado tan diluido que no encontrará ni una molécula de foie aunque se tome todas las pastillas que hay sobre la Tierra. Eso sí, cogerá un empacho de sacarosa y lactosa…

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