Vivo ahora en una ciudad con un alcalde que sueña con un futuro de árboles rotos. Sólo puedo decirle que aprendí dos lecciones en la tierra de lobos de Galicia. Una, que las castañas cocidas machacadas en leche fría son el mejor alimento. Otra, que los árboles tienen nombre de niño.
Hijo, libro, árbol
Aayudé a engendrar a tres de los primeros, escribí uno de los segundos y planté 150 de los terceros: castaños que viven en un prado llamado A Besada, entre los dedos húmedos de un río gallego. Comparto la propiedad y disfrute de los castaños con mis padres, mi hermana, mis sobrinos y mis hijos. Nos pareció que podrían dar al desconocido porvenir algún detalle de quiénes fuimos: la harina en las manos de mi madre, la valentía migratoria de mi padre, el serpentín multicolor de los niños…




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