No es que Chema Vargas venga a descubrirnos, a estas alturas, América, pero sí que consigue que, al menos, nos acordemos sonriendo de aquellas sabrosas épocas del pop rock -a medias- nacional. Y es que, grabado en Buenos Aires, en el estudio de Fito Páez, Circobeat, Corazones Raros (Boomerang Discos) no podía sonar de otra manera. A pura Argentina de los 80, a Fito, Ariel, Calamaro y compañía; pero sin acento.
Aprendiz de malo hará buen papel como single, y después, lo harán 100 millones de gatos no pueden equivocarse -¿título recargado o acertado?- y el tema que da nombre al álbum. Pero, sin duda, el pelotazo hace algunos años hubiera sido Woopie. Buenos arreglos y nostalgia en frasco pequeño.
Que un grandes éxitos incluya hasta cuatro remixes de temas repetidos da que pensar. Aunque es comprensible que, al tener sólo 21 años, la ídolo de adolescentes Hilary Duff no tenga mucho más que ofrecer. Es como una Britney cualquiera pero más mona y estilosa, que encima hace cine y campañas de moda. De Best of Hilary Duff (Hollywood Records) quizá se salven Dignity y Beat of my heart, aunque a una le echa bastante para atrás el momento siguiente al primer play, en el que una versión chusca del Personal Jesus de Depeche Mode -titulada Reach Out- inunda con estridencia los altavoces.
Es una de las dos únicas novedades del álbum; la segunda, Holiday, es un homenaje al pop más blandito.


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