Paco, que hacía muy buenas migas con el del segundo, le pidió que vigilara al del tercero. Pero el del segundo tenía turno de mañana en el trabajo y le dijo al del bajo que estuviera atento cuando el del tercero se marchara por las mañanas.
El del bajo era un poco sorderas, así que le dijo a su mujer que lo primero que le había pedido esa mañana el del segundo era que controlasen un poco al del tercero para impedir que le quitara el puesto de presidenta a la del quinto.
La buena mujer, la esposa del sorderas, pensó que tenía que decirle a la del quinto que vigilara al del primero.
Con lo cual un día Paco, que vivía en el primero, notó que la del quinto le estaba espiando a él mismo. Paco no entendía nada de nada. Y sus vecinos, tampoco.


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