La pirámide por el recto

El viernes pasado, la responsable de prensa de la Consejería de Cultura tuvo la desfachatez de llamarme para recriminarnos el titular: Cultura, que vetó a Leo Bassi, paga con dinero público un taller de sodomía. Yo creía que los tiempos en que Ruiz Vivo, desde el Gobierno de Valcárcel, amedrentaba a la prensa, habían pasado. Pues no. Eso se encargó de aclarármelo la propia Josefa Plaza: «Cuando tengo que llamar a La Verdad, también llamo».

De lo que se entera la gente. Luego, el consejero de Cultura se salió por la tangente con algo así como que los que critican que el artista que se introduce una pirámide por el recto dé un taller de sodomía en Murcia son homófobos. Ipso facto, se granjeó el apoyó del colectivo gay Colega. Lamento desilusionarlo, consejero. No iba por ahí.

¿Por qué Leo Bassi no entra en un festival de Cultura pagado por todos los murcianos y sí pagamos un taller donde se performa la sodomía? Lo normal es que entren ambos, de la misma manera que la pirámide no sólo cabe en el recto de un hombre. Llegado el caso, también puede hacerlo en el de una mujer. Ojo, consejero, me debe una caña por desvelarle esta secreto.

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