Rizar el rizo

Es bueno, no digo que no, intentar eliminar toda desigualdad; aunque se corre el peligro de acabar perdiendo toda diferencia y construyendo el inocuo ‘Mundo Feliz’ premonizado por Aldous Huxley, incoloro, inodoro e insípido, en el que todo resulta indiferente. Y parece que a eso vamos. Pero, mientras tanto, son de agradecer los esfuerzos que los miembros y ‘miembras’’ de la función pública encargados de velar por lo políticamente correcto hacen para mantenernos expectantes con sus delirantes ocurrencias, que para sí habría querido Groucho Marx. El asunto da para varios tomos, pero como muestra baste citar la decisión de desterrar los ‘sacramentos’ (chorizo, morcilla, tocino) de los potajes de los comedores sociales de la Villa por principios religiosos, y sin razón científica nutricional alguna, renegando con ello de un animal, el cerdo, base de nuestra cultura (y ahí está el Mikeldi para probarlo), al que en Europa debemos más vidas que a la penicilina. Cosas veredes, amigo Sancho.

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