Hay quienes se quejan estos días de que los políticos actúan a golpe de titular. Se anuncia la regulación de la vigilancia en bares de copas y discotecas de Madrid a resultas de la muerte en El Balcón de Rosales del joven Álvaro Ussía. La normativa llega tarde, está claro. Una de las misiones de los medios de comunicación es denunciar aquello que no funciona hasta lograr que funcione. Para que el eco de un suceso pase de susurro a grito y haga vibrar los tímpanos de un alcalde o presidente tiene que manchar mucho papel, como ha sido el caso. ¿Por qué el fallecimiento de Ussía sí ha persuadido a las administraciones y anteriores palizas no?
Leo en La Opinión que Antonio Bandera, de 32 años, falleció el 31 de julio de 2005 en el recinto ferial de Casarabonela: recibió una patada en el pecho de uno de los tres porteros que controlaban el acceso –todos quedaron en libertad con cargos y aún no ha habido juicio–. Para que ciertas historias se amplifiquen hasta convertirse en un grito tienen que suceder en Madrid.


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