Manipulación informativa

Es difícil de probar, pero dice el refrán que cuando el río suena, agua lleva. Y éste ruge ya como las cataratas del Niágara. No quiero ser maniqueo. Soy consciente de que los periodistas sabemos a la perfección qué institución pública nos paga, qué partido político nos financia a través de la publicidad o qué firma comercial pone anuncios en nuestras páginas. Y eso, sin duda, nos condiciona.
Es una utopía que la televisión pública sea neutral, lo sé, pero todo tiene un límite. O debería tenerlo.
Y quien diga que no, miente. Pero también creo que todo tiene un límite. Cuando algún compañero te cuenta que se fue a su casa dejando el trabajo hecho y, luego, en el noticiario, vio la información con otro texto o con las imágenes cambiadas, se te ponen los vellos como escarpias. Es una utopía que la televisión pública sea neutral, lo sé, pero todo tiene un límite. O debería tenerlo.

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