Santas cadenas
Hace años los bilbaínos recibíamos a menudo en el buzón una carta que vaticinaba buena suerte y llevaba pegada con cello una peseta: ‘La Santa Peseta’. Tenía que recorrer el mundo en una cadena infinita y el que la recibía, debía mandar copias de la carta, con sus respectivas pesetas, para que a otras personas también les llegara la fortuna. Pero quien rompía la cadena, por olvido o incredulidad, padecía terribles males, como Joao Dobarro, albañil portugués, que olvidó mandar sus cartas y por ello, su padre sufrió un terrible accidente. Menos mal que la mujer de Joao sí las mandó (¿dónde compró la portuguesa las pesetas, en un Banco, en el mercado negro…? Misterios) y el accidentado (¿qué culpa tenía él de nada?) sanó de inmediato. La Santa Peseta fue una moda y desapareció. Pero ahora Internet trae otras Santas Cadenas vía e-mail y muchos nos sentimos como Joao Dobarro: amenazados. Y es que la superstición, dispuesta eternamente a encadenarnos, siempre encuentra canales sorprendentes. Y los humanos no escarmentamos.


En esto pasa como con lo justo y lo correcto. Porque meterte un dedo en el buyuyu queda justo, pero no es correcto.
Ahora en serio, son tan sumamente absurdas esas cadenas como creer en brujas, adivinos o magos.
Aprovecho para decirte que esto es una cadena, en la que debes mostrar tus senos a todos los que te leemos, de no hacerlo el fantasma de la mujer de Joao(muerta por chupar sellos) vendrá a por ti y te pegará dos sellos negros, que sin duda te producira algo muy malo a tí (a saber, fistulas, hemorroides, picores...). Yo no me arriesgaría...
El ser humano es el unico animal que tropieza dos veces con la misma piedra ..
Vaya articulo!!!
Que enjundia
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