Azkuna, el duelista bilbaíno
Iñaki Azkuna me resulta un alcalde singular. Nunca ha tenido pelos en la lengua para llamar amor a lo que todo el mundo creía que era sexo. Su oposición a la consulta del lehendakari era conocida desde hace tiempo, pero la forma que ayer tuvo para ilustrarla pareció un contubernio a medio camino entre Unamuno y los Cinco Bilbaínos. Para que lo entendiéramos todos y directo al corazón del asunto. Así es Azkuna, un rara avis en el juego del triple lenguaje que caracteriza la política vasca. Irónico, vanidoso y demoledor con aquello que le molesta. Nada que ver con esa imagen vaticana del buen rollito que irradia nuestro lehendakari. Lo que de verdad empieza a vislumbrarse es que los dos principales cargos nacionalistas en Vizcaya, el alcalde Azkuna y el diputado general José Luis Bilbao, comienzan a amagar con devolver al PNV vizcaíno el papel angular que históricamente tuvo dentro del partido. El del pactismo puro y duro. Y es lógico. Su territorio se cinceló a cuatro manos, entre un movimiento obrero inmigrante y un sustrato conservador autóctono. Y siempre les fue bien.


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