Intentamos entender la vida

En la actualidad diversos grupos de investigación por todo el mundo están intentando dar respuesta a cómo se pueden fabricar en el laboratorio formas de vida simples: son las llamadas células artificiales o protocélulas. Se piensa que serán totalmente distintas a cualquier forma de vida existente o extinta, muchísimas veces más pequeña que la más pequeña de las bacterias y, por supuesto, más sencillas: intentamos entender la vida, no crear a Frankenstein. Uno de estos proyectos en curso es el europeo PACE (Programmable Artificial Cell Evolution), en el que interviene quien para mí es uno de los científicos más imaginativos y brillantes de nuestro país: Ricard Solé, de la Universidad Pompeu Fabra. Quizá la mejor forma de ver estas células artificiales sea como nano-robots, que tan de moda están ahora en las novelas y películas de ciencia ficción, trabajando a escala molecular. Integrarán tres sistemas bioquímicos microscópicos: un contenedor, que hará las funciones de las membranas celulares, un sistema de construcción (el metabolismo) y un sistema genético, que almacene y gestione la información (el ADN). Con investigaciones como éstas nos encontramos un poco más cerca de entender la vida, su origen y evolución. Las puertas que esto abre son inmensas. El problema es saber si vamos a estar a la altura: seguimos con la misma mentalidad que en el Paleolítico inferior.