La semana pasada se celebró en Jaca un congreso científico de esos que no llaman la atención de los medios de comunicación. Eran las V Jornadas sobre Calidad en el Control de la Radiactividad Ambiental. En esta sociedad que tanto miedo le tiene a la palabra radiactividad resulta llamativo que muy pocos sepamos que vivimos inmersos en un mar radiactivo.
Cada hora, unos 30.000 núcleos desaparecen en nuestros pulmones por la presencia de isótopos radiactivos en el aire que respiramos y unos 15 millones de núcleos de Potasio-40 se desintegran en nuestro estómago e intestinos provenientes de los alimentos que comemos. Se sabe que cada español recibe, en promedio, la mitad de la dosis máxima recomendada, de la cual entre el 10% y el 15% viene de lo que comemos. Por su parte, los detectores de humo contienen americio radiactivo, y los microondas, las lámparas de descarga de alta intensidad que encontramos en palacios de congresos, autopistas o campos de fútbol, torio radiactivo.
Claro que si hubiera que señalar el verdadero peligro sería el gas radón, que por sí solo contribuye hasta casi el 50% de la dosis total que recibimos. Se encuentra en todas partes y en 1986 la OMS confirmó su carácter cancerígeno. Las mayores acumulaciones se producen en primeras plantas o plantas bajas, lo que bien mirado representa una buena excusa para no caer en esa tendencia energéticamente despilfarradora de vivir en adosados.
Controlar que no recibamos más de lo que estamos habituados es una buena práctica: así se descubrió que en ciertas oficinas de Pittsburg los empleados recibían una radiación equivalente a 11 radiografías de pecho al año. Esto es a lo que se dedican los científicos y científicas que se reunieron en Jaca la pasada semana. Con el único apoyo del Consejo de Seguridad Nuclear se encuentran faltos de personal y de recursos económicos. Deberíamos ser conscientes de su importancia.




Bien lo sabe el autor de esta columna. Allá en sus queridas Arribes del Duero, de naturaleza granítica, la exposición al radón es muy superior a otras zonas.
Y todo por mantener unas facilidades propiciadas pela vida moderna.
¿Queremos confort y comodidad?
Pues la industria se nos los regala !
Pero a este precio.
Qué mundo loco, tío !
Me fui a buscar - que nada sabía de todo esto y era feliz sin saberlo -
e he encontrado algo que dice un poco más:
www.epa.gov/radon
Vivir es peligroso !
Tengo que estar agradecida de haber vivido bastante y sin mayores achaques, por años en mi ciudad hemos bebido agua con arsénico y recien se esta haciendo algo, debido al alto indice en la zona de cáncer a la vejiga y estómago. Mientras a mi no me duela nada, prefiero cuando me llegue la hora, morirme sin saber de qué.
Hace unos años (tiempos de la abuela) sacaron una vajilla de porcelana decorada con dibujos naranjas, MUY BONITA. Pero precisamente este material anaranjado es radiactivo.
Honestamente hablando, nada sabía de esto. De hecho nunca me lo había puesto a pensar.
Quedé muy alarmada pero se que a pesar de todo es de gran ayuda.
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