Salir del armario
Hace tiempo, un reportero de televisión salió a la calle a preguntar a los transeúntes: «¿es usted heterosexual?» Más de uno respondió indignado que no, para nada, que él era «absolutamente normal». El equívoco evidenciaba un grave problema: la gente quiere ser «normal», aunque no sepa lo que es eso. Pero es que ser heterosexual es tan normal como ser gay, y sin embargo, gays y lesbianas siguen sufriendo en muchos ámbitos una marginación dolorosa. De ahí que sea tan meritoria la labor de asociaciones como Aldarte, que asesora a padres y madres abrumados porque sus hijos son homosexuales. Pero por mucho que haga Aldarte por ayudarles, ni ellos ni sus hijos pueden vivir en una burbuja. Vivimos en sociedad y no basta con que esos padres salgan del armario: tenemos que salir todos nosotros. Cuando nos demos cuenta de que ser homosexual no es en absoluto vergonzante y en cambio ser homófono, sí, seremos al fin libres y podremos cerrar la puerta del armario y decir a voz en grito que «tengo un amigo heterosexual, pero es majísimo y no se le nota nada».




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