Los idus de marzo
La fatídica fecha, casi coincidente con la de las elecciones, había quedado ida cuando nos cayó encima la gran emigración de buscadores del ocio y la correspondiente paralización administrativa y política que acarrea. Es curioso que estas pequeñas vacaciones estén en nuestro país determinadas por un calendario eclesiástico que se nos escapa a los profanos -es decir, a la gran mayoría de quienes las disfrutan- como una reliquia de tiempos no tan lejanos en que las ceremonias religiosas, tan bien orquestadas políticamente, nos llenaban de ceniza moral el principio de la primavera. Ahora, algo sarcásticamente, son la señal de la carrera hacia las playas, y así, cuando el tiempo lo permite, de la exhibición de la carne. El estrépito publicitario de la campaña electoral parece, con la pausa vacacional, más lejano, reemplazado por el cotilleo sobre los futuribles ministeriales y adyacentes.


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