Al igual que hoy en día, en mi época escolar había tres grupos diferenciados de niños: los que daban pescozones, los que los recibían y los neutrales. Consuélame, pasadas casi tres décadas, observar que la mayoría de los del primer grupo, en la actualidad, son unos mierdas que no han superado la más triste mediocridad.
Pero ese argumento tan a posteriori no alivia la tortura de los zagales que sufren hoy el llamado bullying. Por fortuna se rumorea que Educación quiere poner en marcha un ambicioso proyecto en el que, con dos frentes de actuación (convivencia y seguridad), pretende minimizar el gran problema de los insensibles abusones. Lo ideal sería que los agentes sociales (jueces, profesores, padres, sindicatos, Policía, ayuntamientos, etc.) que deberían ponerse de acuerdo en tan compleja propuesta, estén más por los niños que por su ubicación en la foto final. Un tema que lleva incluso al suicidio a algunos estudiantes debería situarse por encima de intereses políticos o de otras índoles. Buena suerte señor Medina.


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