Cóctel de clavosIsmael Belda
Menos flores, Rubalcaba
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18.10.2007
A la Guardia Civil le han puesto dos macetas. Ambas a cada lado del portón principal de su casa-cuartel de la calle San Vicente. No más medidas de seguridad, un repaso de pintura o un bocata de magro para soportar la dureza de estar de guardia y la cruel contaminación de la travesía, sino dos grandes tiestos con un poco de selva tropical ajardinada. Yo no sé de botánica y no conozco la especie de estas matas ni cómo se pronuncia en latín, pero si se trata de un plan para modernizar la imagen del Cuerpo y camuflar el pésimo estado del edificio, cargado de humedad y desconches, apaga y vámonos. O sea, que la manera de pagar el riesgo de este enérgico Cuerpo de Seguridad y sus malas condiciones de vida no es subirles el sueldo, desmilitarizarlos, cederles más vestuario o acelerar la construcción de su nuevo enclave en Rabassa, sino plantarles dos floreros, que es como si en lugar de crear una nueva comisaría a los de la Policía Nacional les pusieran una tele de plasma y un spa en la mazmorra. Así cualquiera, Rubalcaba.
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