¡Juuuuuuuuuuuas! ¿Lo ven? Nunca es el mismo. Ni siquiera nosotros, y sin embargo malgastamos todo nuestro recorrido en parecerlo. Serenidad, confianza, lealtad, responsabilidad, equilibrio… ¡Pamplinas! Uno no nace cuando viene al mundo. Uno nace el día en que, harto ya de estar harto, y haciendo vibrar sonoramente la campanilla, lanzas tu ¡Juuaassssssssss! a los cuatro vientos. Entonces es el principio del resto de nuestra vida.
¡Juuaaaaassss!
Es un grito de guerra, un detonante de repentino optimismo, o la onomatopeya del desparrame, no sé. ¡Juuuuaaaaassssss! Y nunca es igual, lo que son las cosas. O tal vez sea el ruido de los zapatos cuando al fin decides coger carrerilla y lanzarte a patinar por la encerada tarima del sacralizado museo de las reliquias inútiles. ¡Juaaaaaaasssss! Es la transgresión, la bufonada, el esperpento, la ironía suma, el estallido vital, el gran eructo de la contención al saltar por los aires el tapón de la botella, harto de tanto retener el yo único e irrepetible.


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