Mi médico de cabecera, por ejemplo. Cada vez que voy a verle, tiene una cola del demonio. Pero cuando por fin te recibe, descubres que la demora se debe a que el galeno milita en la Plataforma Diez Minutos, pero por la vía de la práctica. Con una vez que te haya visto, ya recuerda tu nombre y tu dolencia. Te atiende con atención, cariño y respeto. Y te escucha. Médicos así sostienen la confianza en la sanidad, pública o privada.
Tormenta sanitaria
En las últimas semanas se han sucedido una retahíla de condenas e indemnizaciones a los servicios públicos de salud por diversos casos de negligencia médica. Cánceres sin diagnosticar, extirpaciones injustificadas, tratamientos retrasados, etc. En cambio, como el refrán dice que cada cual cuenta la feria según le va, yo no puedo más que ofrecer un minúsculo paraguas en mitad de esta tormenta a médicos, enfermeras y demás personal sanitario.


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