De Santiago Amodeo puede decirse que es de los pocos cineastas empeñados en elaborar formas narrativas con personalidad, en superar argumentos y formas repetidas. Tanto en su carrera compartida –el corto Bancos y su primer largo, El Factor Pilgrim, las dos firmadas con Alberto Rodríguez– como en Astronautas, su debut en solitario, Amodeo apuntaba conceptos que en Cabeza de Perro se consolidan: el gusto por la primera persona, el relato de una intimidad que se transforma, los momentos de cambio y crisis, siempre fuera de la norma. Todo elaborado con imágenes arriesgadas, óptimas, fuera de lo común y músicas que van mucho más allá del acompañamiento.
Con un manejo del color y de los encuadres que permiten contemplar la gran ciudad como pocas veces se ha visto, Cabeza de Perro (Fox, 15 euros) se mete en el cerebro confuso de Juan José Ballesta, que demuestra ser un actor más allá de las fronteras de lo marginal, y se apoya en el rostro especial de Adriana Ugarte, para contar una historia de amor y crecimiento, de generaciones y despiste, para acercarse al aterrizaje de un adolescente hiperprotegido. La escueta edición aporta filmografías y un making off convincente.


no me gusta mucho,,,,,
Una basura de película de adolescente perdido y buscador de tetas.
Una más de los 100 millones de películas iguales.
Por lo que cuentas es apetecible. Ya le diré a mi primo que la vea. Es el encargado.
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