Le ha pasado a casi todos los clubes y seguirá pasando mientras no se pare un partido para ver la jugada repetida, como está ocurriendo con éxito en algunos torneos de tenis, donde se pierden sólo unos segundos de juego pero se clarifica por completo lo ocurrido. O eso o que de una vez por todas se asuma que los colegiados cometen errores y te pueden fastidiar un partido o regalártelo.
En el Madrid se quejó Mijatovic, que vio «cosas raras» en El Sardinero. Se quejó Capello, pese a que no habla «nunca de los árbitros». En el Valencia acaparó todos los reproches Quique Sánchez Flores, que se centró en Mejuto. Así afrontamos el Madrid-Valencia del sábado, con la absurda teoría de la conspiración como trasfondo. Pérez Lasa debe de estar deseando pitarlo.


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