En Urbanismo exponen que «toda obra mayor está obligada al depósito de una fianza en la caja municipal de, al menos, 3.000 euros, y a la reposición completa de todo el mobiliario urbano o natural (árboles, jardines...)» al finalizar su trabajo, con el control de las concejalías de Urbanismo y Servicios. De no hacerlo, «se redacta un informe negativo y se ejecuta el aval en aquella parte alícuota (o estimada del precio) que corresponda». En Servicios y en dos obras del centro también confirman que «la constructora está obligada a retirar y reponer» estos bolardos. «Hemos de presentar un escrito con el número de bolardos que deben extraerse y la fecha de su retiro. Luego, debemos conservarlos o entregárselos al Ayuntamiento», dice un capataz. Otras fuentes municipales señalan que «lo malo es que los sierren, en lugar de extraerlos con pinzas, ya que, a veces, no hay pavimento para reponerlos según el modelo de baldosa, como en la calle Castaños».
Sobre los bolardos que desaparecen con las obras
A Julián Balaguer, jubilado del barrio de Campoamor, le gusta «desplazarse al centro de Alicante a pie». Durante sus paseos, observa que, «cuando se realiza alguna nueva construcción, los bolardos de hierro utilizados para que los vehículos no se suban a la acera desaparecen y luego se sustituyen por otros o no son repuestos». El señor Balaguer pregunta: «¿Se lleva algún control o, como me temo, cada vez que se inicia una obra se tiran los antiguos y se colocan nuevos, aumentando el gasto municipal?». Los citados bolardos o pilonas se asientan, básicamente, en las calles del Ensanche, casco antiguo, barrio Nuevo y barrio de San Francisco, y no tanto en la periferia. Para calcular su cuantía, basta decir que tan sólo en la calle Gerona se plantan 221 bolardos (más seis que faltan, serrados o arrancados). Todos son de la empresa Fundició Dúctil Benito, de Manlleu, Barcelona, especializada en mobiliario urbano, desde la que explican que «pueden ser de muchas clases»; que su coste «oscila entre los 20 y los 3.800 euros» y que allí se fabrican, pero que, «tras venderles el molde, ahora lo comercializa Mediterránea de Suministros, SL». En esta compañía, con sede en Alicante, explican que «el precio (de estos bolardos) depende de la cantidad del pedido, del tipo y de la altura». Y ponen como ejemplo que una pilona fija modelo ‘sándwich’ (las del Barrio) cuesta «unos 80 euros si es de 90 centímetros». Más caras son las empotradas, o que se hunden, y las abatibles, o ladeables, «que conllevan una obra civil» en el pavimento. En cualquier caso, al Ayuntamiento no le supone un nuevo gasto reponerlos, excepto si los derriban o abollan vehículos sin comunicar el destrozo a la Policía Local.




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