Su actitud, que no ha gustado nada a los reyes del mambo cementero, contrasta con el coste final de algunos habitáculos en venta por aquí, muy caros, a menudo minúsculos y poco fieles a la memoria de calidades.
Y que encima se ofrecen tres o cuatro veces por encima de su precio real, para que la empresa presente grandes beneficios a los accionistas aunque nos empeñemos hasta los huesos.




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