Conforme se acerca el 27-M, las televisiones dan soporte a ese exceso de pasquín, porque no piensan en verde, sino en sus yugos y ataduras. Aquí, que gobierna el PP, sufrimos un Notícies 9 lleno de Ritas, Alperis y consellers a los que ni su propio partido aprecia tanto como salen en la tele. Venden el mismo humo, o el plan ‘menjar a casa’, varias veces por semana. Es enfermedad común: en otras autonomías sufren lo suyo. Al final, la política televisada es una cuestión de fe en la dicha venidera. Ésa es una forzosa procesión, y nosotros, los penitentes.
Nosotros, los penitentes
Da igual si es abstracto o usado, se construye la ficción de lo que no es, pero será. Parques donde ya juegan niños, planos traídos de archivadores viejos y maquetas improvisadas que verán (o no) la luz en generaciones venideras. Los políticos apuran las suelas de sus zapatos para vender el mismo pescado en todos los mercados posibles. Siempre con su corte de honor. Siempre con su flashes de honor.


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