Antígona en Palestina

Durante esos días no se permitió la entrada de ambulancias, de médicos ni de ayuda humanitaria. En ese documental no aparecía Layla, una niña de ocho años a la que Bakri nunca pudo olvidar. La casa de Layla fue destruida y durante diez días ella luchó con sus pequeñas manos para sacar de debajo de los escombros el cuerpo sin vida de su hermano. Cuando Bakri la vio, sus dedos eran trocitos de carne roja desgarrada por la desesperación y las piedras que la separaban de aquello que más amaba. Layla consiguió enterrar dignamente a su hermano. La comunidad internacional nunca hizo nada para permitir una investigación sobre la muerte de todos los inocentes.