De reaprovechar nuestros recursos, y no seguir esquilmando los de la naturaleza, depende en buena medida la sostenibilidad del planeta. Sin embargo, este esfuerzo de concienciación no va acompañado de las correspondientes facilidades al ciudadano.
Vivo en el centro de la capital, en Malasaña, pero muchos otros amigos y compañeros me han narrado odiseas similares a la que yo sufro cada vez que quiero reciclar. En dos años, de mi barrio han desaparecido tres puntos con contenedores verdes, azules y amarillos: en el cruce de La Palma y San Andrés, en San Vicente Ferrer y en la calle Barceló.
Ahora tengo que desplazarme a San Bernardo o Fuencarral. Cada vez más difícil. Y todo para ganar aparcamientos en zona verde. Insisto: mi historia es como la que me cuentan muchos otros. Sigo reciclando, pero mi paciencia se agota.




Mas dificil será vivir en este mundo si continuamos sin admitir ni la mas mínima incomodidad ahora...creo que se lo debemos a nuestro planeta y a las proximas generaciones.
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