Y como cada año, entre las plazas de Santa Teresa y del Hospital Viejo, ante la Misericordia y al dorso del romántico Panteón de Quijano, vuelve el sencillo Porrat, con los tenderetes de dátiles, pa de figa, torrats, castañas, avellanas, tramusos, pasas, limas, y el tradicional Torró de Nuvia, en trance de olvidarse y que imita la misma costumbre, a pesar de la derecha separatista local, que en Valencia se practica cada 9 de octubre, día de Sant Donís. Entregarle un pañuelo repleto de dulces o salados a la novia, la amada o la esposa, en prueba de amor. Perpetúa el refranero que Dels porrats de gener, Sant Antoni és el primer. Y la mocadorà, no debería perderse.
La ‘mocadorà’ de San Antoni
El barrio de San Antón celebra desde el sábado sus atávicas fiestas en memoria y veneración de San Antonio el Grande, o el Vienés, patricio de Koma, Alto Egipto, que decidió prorratear todo su capital entre los desvalidos, no como otros. Y que se transformó en sacrificado apóstol, mecenas de la fauna y anacoreta místico que expiraría a los 105 años.



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