El aullido del lobo

El cazador más temido y odiado de la naturaleza comienza a entrar en celo, aunque como reconoce Luis Llaneza, uno de los máximos expertos en este mítico cánido salvaje, «los lobos aúllan todo el año». Sólo que ahora es más importante que nunca mantener bien unida a la manada. Y ello pasa por la independencia de los más jóvenes, como el grupo familiar que Llaneza vio hace unos meses en el suroccidente de Asturias, cuyos tres cachorros nacidos esta primavera deben haber iniciado ya una dura etapa de dispersión. Frente a otras especies en peligro, su situación no es ahora mismo preocupante, con algo más de 2.000 ejemplares bien distribuidos sobre todo por la mitad norte peninsular. El despoblamiento rural y abandono de los campos permitió el aumento de jabalíes y corzos. Detrás de ellos llegaron los lobos, unos seres tan sorprendentemente inteligentes que se han adaptado a nuestros nuevos modos de vida, hasta tal punto de aprender a cruzar las autopistas por los viaductos e incluso a alimentarse ocasionalmente en los vertederos.

Protegidos en algunas regiones, en otras se pueden cazar entre septiembre y febrero. Porque el lobo se sigue matando en España, legal o ilegalmente. En tan sólo tres años murieron en Castilla y León 576 ejemplares, la mitad en batidas no autorizadas, que no impidieron daños anuales a su ganadería cercanos a los 600.000 euros. Ello supone un coste de 400 euros por lobo y año. Un precio a mi entender razonable por conservar esta joya natural, pero claro, yo no tengo ovejas. cjpalacios@wanadoo.es

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