Este año, sabiendo que regresaría a mi hogar tan honorable visitante, delante de la tele le tenía preparado un poquito de turrón y una copita de orujo. Así, en tan esponjoso ambiente, recibí un año más al Rey en mi salón.
Con el vídeo grabando para ponerme otra vez en junio el discurso (yo es que más de seis meses no puedo estar sin él) llegó el Rey como sólo él sabe hacerlo: lleno de orgullo y satisfacción.
Hay quien dice que no le gusta el discurso del Rey, pero no es si no una muestra más de hipocresía, a ver si no por qué iba a ser lo más visto en ese horario. El 100% de los que estaban viendo la tele en ese momento le estaban viendo a él, ¿no es acaso un éxito de audiencia? Al acabar el discurso, el turrón y el orujo habían desaparecido…




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