Estos días se está celebrando en Madrid el Congreso Nacional del Medio Ambiente, el único momento del año en que oímos hablar del cuidado del entorno con pocas concesiones a la demagogia. Bajo el título Cumbre del desarrollo sostenible se debaten los temas que vemos siempre en los medios de comunicación: agua, energía, residuos, contaminación... El concepto de desarrollo sostenible, «que satisface las necesidades de las generaciones presentes sin comprometer las posibilidades de las generaciones futuras», según definición de la ONU, es para muchos ambientalistas –no sin razón– una contradicción de términos. En realidad, lo que se oculta tras él es nuestra necesidad de comodidad. En nuestras casas queremos calorcito en invierno y fresquito en verano. Eso cuesta recursos y dinero. ¿Cuántos cerramos las ventanas y bajamos las persianas de casa en agosto para que se mantenga fresca cuando volvamos del trabajo? ¿Para qué, si existe el aire acondicionado? ¿Y la cantidad de embalajes, envoltorios... que gastamos porque compramos en las grandes superficies? Aún recuerdo cuando de crío tenía que llevar las botellas de gaseosa vacías al colmado de la esquina.
Antes que la felicidad, el ser humano busca la comodidad.
O mejor, la felicidad a través de la comodidad. Ya no estamos dispuestos a volver, no a las cavernas y las pieles de oso –algo que quieren los ecologistas fundamentalistas–, sino a los más cercanos años cincuenta. Los males ambientales, producto de nuestra comodidad, aunque algunos tienen el descaro de achacar a la ciencia, deben ser resueltos. El buen salvaje y el retorno a la naturaleza no son más que mitos, idealizaciones de un mundo que nunca existió. No existe el impacto cero: eso ya lo abandonamos cuando dejamos de ser cazadores-recolectores y nos convertimos en agricultores hace 10.000 años. ¿Las soluciones? Quizá en congresos como el de esta semana.


La solución pasa si cabe por educar a aquellos que cogen el testigo que les dejamos. Los niños imitan a su entorno y a sus mayores. Si no trabajamos desde una visión más allá del envoltorio, del fetiche feliz de dar algo efímero, de que no se valore nada porque todos damos por hecho de que todo estará ahí para siempre. Los recursos, saber tenerlos, saber aprovecharlos. Los congresos que arreglen el mundo, que lo desnuden y lo vuelvan a vestir, pero el mundo, que se deje cambiar para bien. Buenos días.
Pues yo pienso q felicidad está allí donde tú la quieres ver...
Y la felcidad con la q más me identifico yo, es con la q nos describe el Dalai Lama...unas palabras lejanas, q resuenan tan cerca de mí constantemente...
Dice el Dalai Lama: ‘Yo creo que el propósito de la vida es ser feliz. Yo no sé si el Universo con sus incontables galaxias, estrellas y planetas, tiene un significado más profundo o no, pero en último término está claro que nosotros, seres humanos que vivimos en esta tierra, nos enfrentamos a la tarea de conseguir una vida feliz para nosotros mismos.
Por ello, es importante descubrir aquello que traiga consigo mayor grado de felicidad. Desde mi propia y limitada experiencia, he descubierto que el mayor grado de tranquilidad interna viene del desarrollo del amor y la compasión.
Cuanto más nos preocupamos de la felicidad de los demás, mayor es nuestro sentimiento de bienestar. Cultivando un sentimiento cálido, cercano a los demás, automáticamente ponemos nuestra mente en un estado de calma. Esto nos ayuda a remover todos aquellos miedos o inseguridades que podamos tener y nos da la fuerza necesaria para enfrentarnos a cualquier obstáculo que surja. Es la fuente última de éxito en la vida.
Debemos empezar removiendo los mayores obstáculos de la compasión: el enfado y el odio. No necesitamos convertirnos en religiosos, ni necesitamos creer en ninguna ideología. Lo unico necesario es que cada uno de nosotros desarrolle sus buenas cualidades humanas. Intento tratar a todos aquellos, con los que me encuentro como viejo amigos. Esto me da un auténtico sentimiento de felicidad. Es la práctica de la compasión.’
Amor y compasion… ‘Om Mani Padme Hum’…El tesoro de Loto reside dentro de ti.
Un saludo.
Y desde luego, nuestra felicidad no puede exigir la destrucción del maravilloso medio ambiente q nos rodea, como tampoco puede fundamentarse en el dolor o la desgracia de otro...
Así q espero y confío en q las soluciones necesarias lleguen pronto...mientras tanto, Asha, q es una palabra q hoy me enseñó una amiga, significa esperanza (en una de las lenguas q se habla en Calcuta)...
Asha para tod@s...
Hemos bloqueado los comentarios y las correcciones de este contenido. Sólo se mostrarán los mensajes moderados hasta ahora, pero no se podrán redactar nuevos comentarios.
Consulta los casos en los que 20minutos.es restringirá la posibilidad de dejar comentarios