El verano promete ser duro si no llueve más de lo poco que lo ha hecho hasta ahora. Difícil para el agricultor y para el ganadero, también para la fauna más amenazada. Y el otoño será todavía mucho peor, pues la falta de bellotas incidirá directamente en los animales de nuestro valioso bosque mediterráneo. Si hay menos bellotas, hay menos ratones y, por consiguiente, menos cernícalos, lechuzas y zorros. También menos hierba para comer los conejos, y con ello más hambre para nuestros sufridos linces y águilas imperiales. Así que si ama la naturaleza no lo dude. Póngase a cantar debajo de la ducha La Virgen de la Cueva. No le importe hacerlo a pleno pulmón. Aunque desafine. Necesitamos agua.
Heladas tardías y la sequía que se avecina ponen en peligro la flora y la fauna más amenazadas
Este año, en un calcetín, a la vista de la terrible sequía que se abate sobre nuestros sedientos campos. Y por si fuera poco, viene ahora una ola de frío, la enésima, que amenaza con cargarse lo poco que había nacido. Hasta sin bellotas nos vamos a quedar este año. Así lo piensa Gustavo Calvo, aficionado a la meteorología y que desde su pueblo en Ciudad Real echaba ayer un vistazo con los prismáticos a la sierra y comprobaba preocupado cómo los robles y quejigos están comenzando a brotar. «Los brotes recientes de estos árboles son muy, pero que muy sensibles a las heladas», explica. Seguramente habrán conocido años peores y heladas a destiempo como ésta. De hecho, normalmente siempre vuelven a rebrotar, pero pierden un mes en tener todas sus hojas en producción, lo que se traduce en una menor cantidad de frutos.


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