Francia ha ido a más y, por supuesto, que no están jubilados como unos cuantos ignorantes querían hacer ver. El repaso que le metieron los hombres de Raymond Domenech a Brasil en la segunda parte demostró que a la generación de Zidane le quedan más opciones de las que en España se decían. El relevo generacional, liderado por Ribéry, el caracortada, promete.
España debe aprender a competir en las grandes citas y darse cuenta de que el entorno no es el que gana partidos y el fundamentalismo deportivo, tampoco. No es casualidad que entre los ocho mejores del torneo haya seis campeones del mundo y un subcampeón de Europa. Un último apunte: los niños que miran con ojos como platos a sus ídolos no han aprendido mucha deportividad: la mayoría de los supuestamente lesionados pretenden engañar a los árbitros, reciben un golpe en la pierna y se llevan las manos a la cara, no les tocan y ruedan tres vueltas, todo es mentira.




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