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Músicos callejeros

La calidad demostrada por algunos, que llega a emocionar al menos a mí, se compadece mal con el marco en el que, por falta de contrato con entidad pública o privada, se ven obligados a actuar por unas pocas monedas. Me rebela que la sociedad no sepa valorar a sus artistas, mientras se gastan miles de millones en ‘cagahumos’ de, a Dios gracias, escasa o nula utilización. Mayormente abundan los instrumentistas de cuerda. Entre los callejeros, hay gitanos especialistas en el viento, trompetas en especial. El problema aparece con la percusión. Si ésta se realiza al aire libre sus ondas se reparten por la inmensidad del universo y, si no son de tu agrado, huyendo estás al cabo de la calle. Pero cuando bombos, tambores, timbales o congas africanas, resuenan en el interior de un vagón de metro, no hay escape posible. Las caras de los viajeros, y lo vacío de sus gorros receptivos de la recompensa, lo dicen todo. Les pediría que se fueran a Calanda o Baena donde las tamborradas tienen un fuerte arraigo. Por piedad.

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