No lo puedo evitar. Siempre que visito una ciudad a la que hace más de 15 años que no voy, me pongo a compararla con la mía: Murcia. Y, no se por qué, pero ésta última siempre sale perdiendo. Veo que otras muchas capitales se han esmerado, durante la época de esplendor y vacas gordas, en mejorar y arreglar avenidas, viejos edificios y hasta transportes. Me ha sucedido estos días con Bilbao, que ha cambiado mucho –y para mejor-- en los últimos años de bonanza. En Murcia, en cambio, la ciudad, salvo por la avalancha de edificios en todos los ensanches, no ha cambiado prácticamente en nada. Curiosamente también me come esta desazón cuando visito otras ciudades a las que voy con más frecuencia, como es el caso de Valencia, o incluso, de la misma Cartagena. Todas han mejorado. Hay edificios antiguos arreglados (nuestra vieja cárcel acabará cayendo como ya cayó su cúpula), muchas avenidas peatonalizadas, transportes que llegan a todos los puntos (el tranvía recién inaugurado en Murcia no llega a un punto tan importante como la Arrixaca)... En definitiva, se han convertido en ciudades más agradables para vivir, pasear y comprar. Pero a nosotros parece que nos gusta esta Murcia que tenemos. Al menos, así lo hemos dicho en las urnas.
Arrastra la flecha
a la barra de Windows y accede directamente a 20minutos.es
Cerrar

Hemos bloqueado los comentarios y las correcciones de este contenido. Sólo se mostrarán los mensajes moderados hasta ahora, pero no se podrán redactar nuevos comentarios.
Consulta los casos en los que 20minutos.es restringirá la posibilidad de dejar comentarios