Teatro: Falstaff
Tampoco en el teatro lo bueno es sinónimo de inmaculado. Todas las producciones tienen sus defectos, pero estos llaman más la atención en un espectáculo notable que en uno ajustado. Piensen cómo una misma mancha pasa desapercibida en un tejido oscuro pero llama poderosamente la atención en una prenda blanca. Tan injusto como real.
En Falstaff, una producción del Centro Dramático Nacional, Andrés Lima, con Marc Rosich en la adaptación, da un lugar en la dramaturgia al mítico personaje de Shakespeare, que, por cierto, lo había encontrado ya en ópera y cine. Lo hace con diálogos rotundos, en un montaje de amplia concepción escénica, con una iluminación puesta al servicio de la función, cuidadas transiciones y un original maestro de ceremonias con el sugerente nombre de Rumor –al que interpreta el propio Lima–. De un eminente y equilibrado reparto con Raúl Arévalo, Alfonso Lara, Carmen Machi, Alejandro Saá..., como corresponde, el protagonismo lo acapara Pedro Casablanc en el papel del orondo personaje, tierno cuando es menester, con la mirada perdida del menospreciado, magnífico en sus peculiares bailes.
Por eso la simpleza de ciertos pasajes –algunos de los que transcurren en la taberna rozan una grosería innecesaria impropia de Lima– y la superficialidad de determinados personajes desentonan. Como las manchas en los tejidos claros. Como en la vida, en el teatro.
- Hasta el 1 de mayo en el Teatro Valle-Inclán de Madrid. Más información en http://cdn.mcu.es


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