Vaiana

Vaiana - Cartel
Título V.O.:
Moana
Año de producción:
2016
Distribuidora:
Walt Disney
Género:
Animación
Clasificación:
Todos los públicos y Especialmente recomendada p
Estreno:
2 de diciembre de 2016
Guión:
Ron Clements, John Musker, Chris Williams, Don Hall, Jared Bush, Pamela Ribon, Aaron Kandell, Jordan Kandell
Música:
Mark Mancina, Lin-Manuel Miranda, Opetaia Foa´i
Intérpretes:
Alan Tudyk, Temuera Morrison, Dwayne Johnson, Jemaine Clement, Auli´i Cravalho, Vaiana (voz), Maui (voz), Rachel House, Abuela Tala (voz), Jefe Tui (voz), Tamatoa (voz), Nicole Scherzinger, Sina (voz), Heihei (voz)

Fotogramas de la película

Sinopsis

Varios milenios atrás en las islas del Pacífico Sur, Vaiana es la única hija del capitán de una larga estirpe de marinos. Con el objetivo de seguir los pasos de su linaje, y cumplir su sueño de surcar el océano, Vaiana se embarcará en una increíble aventura para convertirse en una auténtica navegante y salvar a su pueblo. En su periplo se encontrará con el legendario semidiós Maui, que la acompañará mientras viven innumerables peligros y se enfrentan a monstruos marinos y obstáculos imposibles.

Los veteranos John Musker y Ron Clement, directores de films de Disney tan recordados como La sirenita, Aladdin o Hércules, se unen con la nueva generación de realizadores de la compañía del ratón y, junto a Chris Williams y Don Hall (Big Hero 6) dan vida a la apasionante historia de Vaiana. En esta ocasión, Disney se inspira en las historias orales de los pueblos y las culturas indígenas de Oceanía, y elaboran, desde la fantasía, una respuesta a por qué hace 3.000 años surcaron el Pacífico en sus barcos para, después, detener misteriosamente sus viajes durante un milenio. Vaiana, la protagonista y nueva princesa Disney, cuya voz en versión original corre a cargo de la debutante Auli'i Cravalho, se nos presenta como una joven decidida, valiente y tremendamente lista, que contará con la inestimable ayuda del semidiós Maui (doblado en inglés por Dwayne Johnson, que repite experiencia tras Planet 51) y dos simpáticos animales. Juntos conforman una increíble aventura sobre el afán explorador y la conexión especial que las culturas de las Islas del Pacífico tienen con el mar.

Crítica

A pesar de lo que pretende vender su productora, y de lo que grandes medios y prescriptores culturales estarán interesados a su vez en comprar y revender por aquello de calar en un espectador necesitado de disculpar su naturaleza esencial de consumidor con subterfugios ideológicos, la nueva gran realización animada de Disney tras la excelente Zootrópolis (2016) no rompe en lo fundamental con los cánones narrativos, discursivos, que han caracterizado las películas del estudio norteamericano durante décadas.

Cánones, por otra parte, discutibles como tales, puesto que han estado en perpetuo proceso de mutación y experimentación, incluso si nos limitamos a la figura retórica de la joven o princesa Disney. No representa lo mismo lo planteado en 1937 por Blancanieves y los Siete Enanitos, que lo brindado por La bella durmiente en 1959, La sirenita en 1989, Mulan en 1998 o Frozen en 2013; por no hablar de protagonistas como la de Lilo & Stitch (2002), uno de los personajes más verosímiles en cuanto a carácter y físico de la historia del cine animado, sin que en su creación mediasen agendas o coerciones sectarias.

Nombrar Lilo & Stitch viene además al caso porque su imaginario, aun a nivel doméstico, era similar al de la presente Vaiana: los Mares del Sur, atolones y archipiélagos, las ancestrales culturas polinesias y la apropiación occidental de sus símbolos vía el Tiki Pop; elementos asimismo protagonistas del reciente corto de Pixar Lava (2014). Y no hay que olvidar que, para una corporación con infinitos tentáculos empresariales como Disney, películas como estas se erigen en escaparates turísticos excelentes, en soportes de ficción idóneos, con los que publicitar y legitimar parques temáticos y resorts. A la hora de redactar estas líneas, una Vaiana de carne y hueso -Moana en Estados Unidos, su nombre ha cambiado en la Europa continental debido a problemas legales- recorre complejos hoteleros y de atracciones pertenecientes a Disney en todo el mundo, haciendo promoción de la película y, a la vez, otorgando a las instalaciones en cuestión crédito cultural. Si hay algo que debe valorarse, en relación con lo cinematográfico, al hablar de la Mouse House, es este tipo de estrategias, antes que aquellas con las que nos seducen sus departamentos de prensa.

Pero vamos con la película, que, como apuntábamos, no descubre la pólvora como fábula, asignada como ha estado en su guión y realización a veteranos del estudio como John Musker y Ron Clements, firmantes de animaciones Disney tradicionales como El planeta del tesoro (2002) y Tiana y el sapo (2009) -otro ejemplo, por cierto, de princesa heterogénea-. La elección de Musker, Clements, Chris Williams y Don Hall por parte de la compañía, ha sido inteligente. Por un lado, las peripecias de la joven Vaiana -habitante de una pequeña isla polinesia, que desafía a sus mayores y se interna en el mar a fin de saldar cuentas con los dioses y recuperar así para su tribu el bienestar material y espiritual que les ha sido arrebatado-, se constituyen en viaje arquetípico del héroe sin novedades relevantes. No pueden faltar ni el imprevisto compañero de aventuras con el que se entabla amistad -un semidiós, Maui-, ni episodios ora peligrosos ora divertidos, ni criaturas más o menos pintorescas, ni comentarios vagos en torno al ecologismo, lo feminista, y la reivindicación de la propia identidad, ni la restauración de lo establecido. Un viaje que adolece, quizá, de arrancar tarde y extenderse durante demasiado metraje, de dar vueltas sobre sí mismo sin que ello redunde en una mayor profundidad, y de apelar con efectos agridulces a la épica musical, en un intento muy evidente por clonar el éxito de Frozen.

Pero, por otra parte, la labor de los artistas citados genera en pantalla una sinergia única -a veces explosiva, a veces soterrada- entre el esplendor sin límites auspiciado por lo digital, técnica a que se adscribe en casi todo momento Vaiana, y una concepción del movimiento, la expresividad y la planificación que se debe en medida significativa a prácticas de la animación en desuso. Ello hace del filme uno de los más interesantes, equilibrados y, desde luego, deslumbrantes a nivel audiovisual que ha gestado Disney en mucho tiempo, amén de gozar de un trabajo de dirección sobresaliente. Con Vaiana, la compañía vuelve a demostrar sus innegables aspiraciones artísticas, así como un interés auténtico porque dialoguen en sus creaciones un legado descomunal, y la modernidad. El resultado de ello es una fiesta para los ojos, capaz de elevar el ánimo hasta la euforia merced al afán de todos los implicados en el filme por honrar la luz, el color, la plasticidad de lo humano y el paisaje, las formas de la vida que albergamos y nos rodea. Esta sensualidad primordial, que tiene manifestación obvia en la protagonista más arrebatadora diseñada por el estudio junto a la sirena Ariel, da al traste con cualesquiera moralinas que se le hayan querido imponer a la película, tanto da si en el seno de la propia productora, o por parte de ciertos medios y públicos. Como a Vaiana, a la belleza no se la puede domesticar.

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