El dictador

El dictador - Cartel
Título V.O.
:
The Dictator
Año de producción:
2012
Distribuidora:
Paramount Pictures
Género:
Comedia
Clasificación:
No recomendada menores de 16 años
Estreno:
13 de julio de 2012
Director:
Larry Charles
Guión:
Sacha Baron Cohen, Alec Berg
Música:
Erran Baron Cohen
Fotografía:
Lawrence Sher
Intérpretes:
Ben Kingsley (Tamir), Sacha Baron Cohen (Aladeen / Efawadh), Horatio Sanz (ayudante en el balcón), Megan Fox (Megan fox), Aasif Mandvi (Doctor), Sayed Badreya (Omar), Michele Berg (Madre de Aladeen), Rocky Citron (bebé Aladeen), Liam Campora (Aladeen a los 6 años), Rizwan Manji (paciente), Adeel Akhtar (Maroush), Elsayed Mohamed (Wadiyan Oficial Olímpico)

Fotogramas de la película

Sinopsis

El líder de Wadiya, el almirante general Haffaz Aladeen, se siente molesto porque le llaman dictador las potencias occidentales y porque la ONU sancione repetidamente a su país por incumplir el tratado de no proliferación de armas nucleares. Así que, siguiendo las directrices de su jefe de policía secreta, su tío Tamir, viaja a los Estados Unidos para convencer al organismo de que le dejen en paz. Cómo es lógico, su estancia en Nueva York va a estar repleta de problemas y anécdotas divertidas.

El británico Sacha Baron Cohen, en colaboración con Alec Berg (Seinfeld, Larry David), vuelve a la palestra mundial con "El dictador", parodia mordaz de un tirano árabe, de visita en Estados Unidos, en una trama surrealista, llena de gags y de situaciones cómicas muy divertidas, en la línea de sus anteriores películas "Borat" o "Bruno", que seguramente provocarán, en algunos casos, la carcajada del espectador o por otro lado la desaprobación por su mal gusto. En su arriesgada nueva propuesta, el humorista despliega todos los mecanismos de la comedia para meterse en el personaje protagonista, el regente del ficticio estado de Wadiya (potencia petrolífera del Norte de África-paralelismo claro con Libia y el difunto Gadafi), el almirante general Haffaz Aladeen, decide viajar a Nueva York, a la sede de las Naciones Unidas, para que los "odiosos occidentales" dejen de sancionar a su país por vulnerar el Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares. A su vez trata de demostrar, sin mucho éxito por otra parte, tanto a Obama como a los dirigentes internacionales que no es, en absoluto, un déspota dictatorial, sino que "la gente de su país le quiere pues, según las encuestas, el 120% de la población le adora y el 14% le es indiferente, siendo culpables de ello los cerdos occidentales", según sus propias palabras. Larry Charles (Borat, El séquito) se encarga de la dirección de esta simpática comedia.

Decir que las interpretaciones de Sacha Baron Cohen (Ali G anda suelto, La invención de Hugo) en las películas que ha escrito, como "Brüno" o "Borat", son polémicas y tremendamente paródicas de la sociedad de hoy en día, sería quedarse corto, como demuestra, en esta ocasión, interpretando al general Aladeen. Junto a las atípicas bromas de Cohen, encontramos al personaje más plomizo de toda la película de la mano de Ben Kingsley (Prince of Persia: Las arenas del tiempo, Transsiberian), ganador de un Oscar por su magistral interpretación de Mahatma Gandhi, encarna a Tamir, tío de nuestro protagonista y jefe de la policía secreta. Anna Faris (Una conejita en el campus, El Oso Yogui) se encontró con problemas para seguir las improvisaciones constantes que se realizaban, casi de continuo, durante el rodaje y la espectacular Megan Fox (Transformers, Jennifer's Body) aparece haciendo un cameo como señorita de compañía dEl dictador. Lo que es seguro es que las situaciones vividas por el general Aladeen serán hilarantes y desternillantes en todo momento, pero hay que tener una cosa clara, para éste célebre personaje con 118 doctorados y un diploma, en bronceado con spray, de la Universidad Pública de Qatar no le gusta que le llamen "El dictador".

Crítica

La gracia deEl dictadorestriba en redibujar la némesis atávica del gran poder americano, es decir, el sátrapa oriental pérfido que niega el Holocausto, desarrolla la tecnología atómica a espaldas de las inspecciones internacionales y desafía el orden mundial tocándole sistemáticamente los bajos a la comunidad internacional por pura maldad, como si de un cartoon en toda regla se tratara. Aladeen es un tirano grotesco, una caricatura no tan hiperbólica como pudiera parecer a primera vista. O mejor dicho, es hiperbólica porque quintaesencia el coco, la pesadilla infantil del americano medio que sucumbe a las soflamas maniqueas de sus líderes y cuyos peores desvelos tienen barba y turbante.

Sacha Baron Cohen juega con esos miedos inducidos con una mala uva notable. Su película, en realidad, no ridiculiza al Ahmadineyad o al Kim Jong-Il de turno, más bien se mofa de la imagen pánfila que de ellos tienen ciertos estadounidenses que compran las cortinas de humo de sus gobiernos, que esconden las vergüenzas domésticas cargando las tintas de la caricatura mediática dEl dictador en cuestión.

Hay más; Cohen, que no es sospechoso de andarse por las ramas o suavizar la contundencia de las denuncias, se atreve a desmontar la hipocresía brutal de ese mundo polarizado desde occidente entre fuerzas del bien y fuerzas del mal a través de una llamada de atención muy explícita. Aladeen es un despreciable sátrapa oriental, caudillo de una nación irrelevante que no hace sombra al imperialismo económico, a la dictadura capitalista y a la perpetua vulneración de los derechos humanos que mana de la impoluta democracia estadounidense.

Cohen, cierto, no se muerde la lengua, pero las dosis de ingenio se dispersan en mitad de una sucesión de sketches de balance más que irregular.El dictadoroscila entre la sátira política sulfúrica y deslenguada menos complaciente al vodevil paródico más soez y más irrelevante en cuestión de segundos. Cohen es un agitador nato, un provocador de libro, y aquí trabaja con las limitaciones y estrecheces de un guion que coreografía todas las gracias. A diferencia deBoratyBruno,El dictadores cine de ficción al uso.

La frescura de la fórmula Cohen estriba en la frescura de la cámara oculta, en su querencia por el terrorismo humorístico de calle. Es ahí donde el actor británico se siente más cómodo, pero la fama le ha hecho una verdadera faena. Eso y lo hiperbólico de su nuevo personaje. A ratos el Cohen deEl dictadorestá más próximo al histrión de una spoof movie de tres al cuarto que al genio de las bromas pesadas de sus películas precedentes. Con todo se atreve a cruzar líneas rojas en la monumental burla que otros no se atreven ni a merodear.

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