Quiero ser italiano

Quiero ser italiano - Cartel
Título V.O.
:
LItalien
Año de producción:
2010
Distribuidora:
a contracorriente
Género:
Comedia Dramática
Clasificación:
No recomendada menores de 7 años
Estreno:
15 de agosto de 2012
Director:
Olivier Baroux
Guión:
Olivier Baroux, Jean-Paul Bathany
Música:
Martin Rappeneau
Fotografía:
Arnaud Stefani
Intérpretes:
Roland Giraud (Charles), Philippe Lefebvre (Cyril Landrin), Kad Merad (Mourad Ben Saoud,alias Dino Fabrizzi), Valérie Benguigui (Hélène), Guillaume Gallienne (Jacques), Farida Ouchani (Rachida Ben Saoud), Saphia Azzeddine (Amel Ben Saoud)

Fotogramas de la película

Sinopsis

Dino está viviendo su época dorada. Su empresa quiere promocionar su trabajo por ser el número uno de los vendedores de Maserati en Niza y su novia está deseando casarse con él para disfrutar de la vida juntos. El problema es que Dino guarda un secreto: realmente se llama Mourad Ben Saoud y es musulmán. Podría seguir ocultando su identidad como ha hecho hasta ahora, pero el Ramadán se acerca y le prometió a su padre enfermo que este año lo celebraría pasara lo que pasara. ¿Cómo saldrá de ésta?

"Quiero ser italiano" es una comedia dramática donde un vendedor de origen musulmán se encuentra en problemas por tratar de mantener una personalidad que se ha creado y que le está reportando inmensos beneficios. Olivier Baroux (Safari, Ce soir, je dors chez toi) ha escrito conjuntamente el guion con Jean-Paul Bathany, además de encargarse de la dirección. La película reflexiona sobre las consecuencias de la mentira de una manera más cómica de lo que la realidad permite.

Kad Merad (Bienvenidos al Norte, Safari) vuelve a ponerse a lasórdenes de su amigo Olivier para interpretar a Mourad/Dino, un hombre en apuros que tratará de ocultar su cultura árabe para así seguir viviendo como lo ha estado haciendo hasta ahora. Su pareja en la ficción es Valérie Benguigui (La clase). También participan en "Quiero ser italiano", RolandGiraud (Tres solteros y un biberón: 18 años después), Philippe Lefebvre (No se lo digas a nadie), Guillaume Gallienne (El concierto) y Farida Ouchani (La clase).

Crítica

Aunque con filtro de comedia amable y de enredo intercultural de multisala,Quiero ser italianoencierra un poso de amargura acerca de un estado de la cuestión cada vez más tristemente de actualidad. El protagonista del entuerto es un impostor de libro, un fulano de origen árabe que triunfa en el sur de Francia haciéndose pasar por italiano, por el qué dirán y porque, lamentablemente, la vida te mira de distinta manera según donde te sellaran elpasaporte.Olivier Barouxhabla en clave de guasa de esa Francia hostil al inmigrante africano, en la que vivir siendo uno mismo es de por sí una tragedia.

El sutil racismo europeo, que mira con arrogancia por encima del hombro a los del sur, independientemente de sus méritos y talentos, es una losa que amenaza ahora con volverse en nuestra contra en el ajo de la insostenibilidad del modelo de crecimiento nordeuropeo acuñado, en qué hora, por los países europeos de la periferia que, de aquí a nada, serán mirados por los ricos del norte con el mismo desdén con el que nosotros miramos a los pobres del sur.

Quiero ser italianoconstruye una entrañable fábula en torno a esa premisa, y su aparente intrascendencia maquilla un cuadro social dantesco, que nada tiene de gracioso. Las intenciones de Baroux son muy buenas, y su película regala golpes de ingenio y ocurrencias ciertamente cachondas y bien pensadas. El problema es que, a pesar de los nubarrones que se ciernen detrás de la fachada cómica, todo sabe y huele a extremadamente leve.

Quiero ser italianohace demasiados esfuerzos por caer en gracia a todo cristo. Quiere, legítimamente, ser un éxito de taquilla, pero eso es a costa de volar bajo, de abrir puertas que a la larga, sencillamente, no se atreve a cerrar. El tono de dramedia con conciencia cae simpático, y Kad Merad es un actor extraordinario, pero el humanismo que reivindica es demasiado blando, demasiadonaif, gratificante pero estéril. La red de mentiras tejida por el falso italiano para medrar en una sociedad que rechaza a los de su cuna, ofrece un potencial dramático que Baroux no acierta a exprimir hasta sus últimas consecuencias. Al finalQuiero ser italianoes más irrelevante y olvidable de lo que debiera dadas las circunstancias

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