American Playboy

American Playboy - Cartel
Título V.O.:
Spread
Año de producción:
2009
Distribuidora:
Aurum
Género:
Comedia
Clasificación:
No recomendada menores de 13 años
Estreno:
28 de agosto de 2009
Director:
David Mackenzie
Guión:
Jason Dean Hall
Música:
John Swihart
Fotografía:
Steven Poster
Intérpretes:
Hart Bochner (Will), Anne Heche (Samantha), Maria Conchita Alonso (Ingrid), Ashton Kutcher (Nikki), Rachel Blanchard (Emily), Sebastian Stan (Harry), Margarita Levieva (Heather), Sonia Rockwell (Christina)

Fotogramas de la película

Sinopsis

Nikki es un joven libertino que lleva una vida de lujo en Los Ángeles. Su atractivo físico le ha servido para aprovecharse de mujeres ricas y disfrutar de la elegante mansión que Samantha, una abogada de mediana edad, tiene en Hollywood Hills. Sin embargo, este playboy sin remedio cambia cuando conoce a Heather, una camarera que, aunque Nikki no lo sepa, vive de los hombres. Dividido entre el amor y el dinero, el joven deberá elegir qué hacer con su destino antes de que sea demasiado tarde.

"American Playboy" es una tragicomedia que descubre los ambientes más lujosos de Los Ángeles, pero también los más sórdidos. Y todo ello en función de la suerte de su protagonista, un embaucador de mujeres adineradas que ve peligrar su futuro cuando se enamora de una humilde camarera. La película, que cuenta con elementos de clásicos como "Desayuno con diamantes" y "American Gigoló", ha sido dirigida por David Mackenzie (Obsesión). Además de las aventuras y desventuras de sus personajes, se reflexiona sobre el sexo, el dinero y la vida superficial de Hollywood.

Ashton Kutcher, el joven marido de Demi Moore, vuelve a la cartelera después de "Algo pasa en Las Vegas", y lo hace protagonizando y produciendo este filme. Sus dos compañeras de reparto son Anne Heche (Seis días y siete noches), en el papel de una de las mujeres seducidas por el playboy, y la bella Margarita Levieva (Lo que no se ve), que se convierte en la horma de su zapato. También intervienen Rachel Blanchard (Road Trip. Viaje de pirados) y Sebastian Stan (La alianza del mal).

Crítica

Ashton Kutcher se ha cocinado esta película a medida, para sacudirse el sambenito de comediante mediocre y gesticulante al servicio de naderías románticas empalagosamente hollywoodienses. Aquí se pone serio, aunque cueste creerlo, explotando registros dramáticos que tenía aparcados más o menos desde "El efecto mariposa". No sale airoso del desafío. "American Playboy", producida por el propio Kutcher, delega demasiado en el palmito y la fotogenia de su rutilante estrella abundando en el cliché de la odisea light de autodestrucción moral y de redención través del amor.

El novio de Demi Moore se mete aquí en la piel de un vividor, un buscavidas sin escrúpulos que vive de alimentar la ilusión sexual de mujeres maduras desesperadas que consienten que las chuleen a cambio de la disponibilidad sexual del agraciado macho que hace de la testosterona su carta de presentación y modelo de vida. Un ser despreciable que vive de utilizar al prójimo cuyo retorno desde el lado oscuro hacia la luz está cantadísimo desde los primeros lances del guión. "American Playboy" es una película terriblemente previsible, cine de engolado romanticismo y de pasteleo sentimental moralista que, al menos, se hace respetar con un desenlace un punto más audaz de lo previsible y menos acaramelado de lo que mandan los cánones.

Kutcher está alo de siempre pero sin muecas ni histrionismos. Llora con convicción escasa y no sabe hacernos llorar a nosotros. Se ponga como se ponga su película vive del reclamo erótico que su ardiente presencia proponga a un público femenino leal a su espléndido tórax. En el fondo todo es una gran mentira, el muchacho cambia de registro pero se las ingenia para seguir gozando del favor del mismo público, aunque sea con la jeta seria y azotada de aquella manera por el remordimiento.

El problema de "American Playboy" es que es muy blandita y muy poco consecuente y coherente consigo misma. Camina siempre con mucho tiento para encajar en el esquema cerril de un público quizá poco proclive a digerir campañas de desmitificación de caretos estelares made in Hollywood. Engorda, porque no mata, se mira como quien hace lo propio con un telefilme entretenido en una sobremesa de tedio desesperado. Kutcher no tiene credibilidad como actor dramático, y la película no tiene más baza o razón de ser que su esmerado atractivo. Cine irrelevante de punta a cabo, para gigoló psicológicamente a la altura el de Paul Schrader y el guapo con agallas Richard Gere. El de Kutcher es un cuerpo en venta de escaparate. Ni más ni menos.

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