Malditos bastardos

Malditos bastardos - Cartel
Título V.O.:
Inglourious basterds
Año de producción:
2009
Distribuidora:
Universal Pictures Iberia
Género:
Acción
Clasificación:
No recomendada menores de 13 años
Estreno:
18 de septiembre de 2009
Director:
Quentin Tarantino
Guión:
Quentin Tarantino
Fotografía:
Robert Richardson
Intérpretes:
Mike Myers (General Ed Fenech), Til Schweiger (Sargento Hugo Stiglitz), Brad Pitt (Teniente Aldo Raine), Cloris Leachman (Señora Himmelstein), August Diehl (Mayor Deiter Hellstrom), Diane Kruger (Bridget Von Hammersmark), Julie Dreyfus (Francesca Mondino), Eli Roth (Sargento Donnie Donowitz), Daniel Brühl (Frederick Zoller), Mélanie Laurent (Shosanna Dreyfus), Samm Levine (Hirschberg)

Fotogramas de la película

Sinopsis

Durante la II Guerra Mundial, el teniente Aldo Raine planea asesinar a líderes nazis para provocar la caída del Tercer Reich. Los hombres de Raine, un grupo de soldados judíos, son conocidos por el enemigo como "los bastardos" y están dispuestos a todo con tal de lograr su objetivo. No están solos: la actriz alemana Bridget von Hammersmark trabaja como agente secreta de los aliados y Shosanna Dreyfus, la dueña de un cine marcada por la ejecución de su familia, también busca su propia venganza.

Quentin Tarantino regresa con "Malditos bastardos", una película bélica que, a pesar de centrarse en la II Guerra Mundial, reinventa la historia a su manera. La idea lleva fraguándose una década, pensando en la posibilidad de convertirla en una novela o una miniserie, pero finalmente Tarantino decidió expresarse donde mejor sabe. El director de "Pulp fiction" y "Kill Bill" se inspiró en un título de los 70, la italiana "Quel maledetto treno blindato", traducida al inglés como "Inglorious Bastards". Sin embargo, no estamos ante un remake, sino ante una amalgama de géneros que tiene pinceladas de cine épico de guerra, de espagueti western, de aventuras, de folletín clásico e, incluso, de fábula. Todo ello con efectos realistas y la particular forma que tiene Tarantino de concebir la violencia.

La nacionalidad de los personajes coincide con la de los actores que los interpretan. Brad Pitt (El curioso caso de Benjamin Button) da vida al cabecilla de la trampa contra los nazis, mientras que Christoph Waltz es un implacable coronel del Tercer Reich. Entre las féminas destacan Diane Kruger (Adiós Bafana) y Mélanie Laurent (Days of Glory). Además, están Eli Roth (Death Proof), el español de raíces alemanas Daniel Brühl (Salvador) y Martin Wuttke, encargado de interpretar a un caracterizado Hitler. "Malditos bastardos" fue presentada en Cannes, ganandoel premio al mejor actor para Christoph Waltz.

Crítica

De Tarantino no cabe esperar virguerías narrativas ni alardes de equilibrio argumental, ni ningún hallazgo estructural especialmente memorable. Su cine emerge de la explotación de lo anecdótico, del desvarío genial de lengua viperina y su querencia natural por la digresión. Tarantino es un director que se hace fuerte en el interludio, recreándose en el paréntesis, en el punto y coma, y que tiende a irse clamorosa y conscientemente por la tangente, sabiéndose genial en el quiebro y en la elusión permanente de su compromiso con el argumento, con la chicha dramática propiamente dicha. En "Malditos bastardos"su natural inclinación a la dispersión adquiere tintes épicos, gigantescos. Tarantino se disfraza de cineasta maduro, mordiéndose la lengua para contener improperios y barbaridades. "Malditos bastardos" es, a pesar del volumen de la guasa, su película más seria, la más racional, la menos espontánea. La dramaturgia de época busca la precisión que rara vez antes buscó, y no la encuentra. Yhe ahí la raíz fundamental del problema. La última tarantinada es una película sin foco, sin centro de gravedad, etérea y con los pies muy lejos del suelo. Los socavones narrativos, que habitualmente se disculpan en el gozo de la artillería verbal inimitable y en el infinito poder evocador de sus cinéfilas imágenes, despuntan aquí asfixiando el relato como nunca antes lo habían asfixiado. "Malditos bastardos" es una película caótica. Es evidente y tangible que el resultado final es consecuencia de mil y un desvíos de la idea original, la de una horda de bárbaros matanazis, apaches de las trincheras en el frente francés con pésimos modales y morbosa sed de sangre y de venganza. Lo cierto es que los Bastardos son personajes secundarios, que sus animaladas acumulan polvo en un tercer plano de la historia. El hijo de perra Aldo Rayne y sus compinches han ido perdiendo protagonismo progresivo en el proceso de redacción el guión, hasta el punto de infiltarse en el relato como una presencia meramente anecdótica. Están porque Tarantino es fiel a sus principios y a sus títulos, pero los tiros suenan por otro lado. La cinta acumula desvaríos absolutamente brillante y secuencias cañón para el recuerdo (nos vienen a la mente el fenomenal prólogo en el que el estratosférico Christoph Waltz enseña por primera vez los dientes, o la explosión de adrenalina, furia y violencia en la taberna subterránea en la que la conspiración anti Hitler es descubierta), pero la cohesión es raquítica y la tradicional mordacidad de los diálogos anda aquí más atemperada que nunca. "Malditos bastardos" es una película clamorosamente descompensada, que no compensa, como es habitual en el cine tarantiniano, los desajustes narrativos con la irresistible brillantez, intermitente en esta ocasión, de las fabulosas digresiones. Tarantino no tiene un conflicto central. pretexto para alrededor del mismo explotar la deliciosa desfachatez del híbrido genérico marca de la casa (la conjugación de estereotipos del bélicocon los del spaghetti western funciona sólo a ráfagas). Las subtramas están defectuosamente encoladas y el único hijo de mala madre que se nos queda grabado en la retina es el teniente Hans ´cazajudíos´ Landa, uno de los mejores personajes creados nunca por la pluma de Tarantino infiltrado en la película incorrecta. Christoph Waltz es dueño y señor del cotarro con una sibilina maldad de modales intachables que eclipsa todo y a todos, dejándose echar de menos cuando la cámara no le da coba. Lo demás es un cúmulo de brillantes imperfecciones, de semillas de un sinfín de películas interesantes que juntas no van a ningún sitio.

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