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Definitivamente, quizás

Definitivamente, quizás - Cartel
Título V.O.
:
Definitely, maybe
Año de producción:
2008
Distribuidora:
Universal
Género:
Comedia Romántica
Clasificación:
Todos los públicos
Estreno:
30 de abril de 2008
Director:
Adam Brooks
Guión:
Adam Brooks
Música:
Clint Mansell
Fotografía:
Florian Ballhaus
Intérpretes:
Ryan Reynolds (Will Hayes), Rachel Weisz (Summer Hartley), Elizabeth Banks (Emily), Abigail Breslin (Maya Hayes), Derek Luke (Russell McCormack), Isla Fisher (April)
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Fotogramas de la película

Sinopsis

Will Hayes es un treintañero a punto de divorciarse. Su hija Maya, de diez años, le pregunta sobre su vida amorosa y a él no le queda más remedio que explicarle por qué se casó con su madre. Will revive su pasado como un cuento de hadas, presentándose como un tipo idealista que buscaba triunfar en la política y poniendo nombres en clave a sus novias, para que Maya adivine cuál es su madre. La pequeña comprende lo difícil que es al amor, pero Will se da cuenta de que nunca es tarde para ser feliz.

"Definitivamente, quizás" es una comedia romántica que por su estilo y argumento se asemeja a un cuento de hadas moderno. Adam Brooks, guionista de la segunda parte de "El diario de Bridget Jones", se pone al frente de la cámara para rodar una película que propone un juego: reconstruir la vida sentimental del protagonista a través de los amores de su pasado sin desvelar, hasta el final, con quién se casó. Resulta extraño ver a un hombre protagonizar este tipo de historias y, aún más, ver cómo ésta transcurre en el mundo de la política, pero el resultado es, cuanto menos, original.

Ryan Reynolds, el actor de "¡Marchando!" y "Ases calientes", es el encargado de contarle su vida amorosa a su hija, la jovencísima Abigail Breslin (Pequeña Miss Sunshine). Las tres mujeres en la vida del la protagonista son una joven apolítica a la que da vida Isla Fisher (Cásate conmigo), la eterna novia universitaria Elizabeth Banks (Spider-Man 3) y una periodista inconformista interpretada por Rachel Weisz (El jardinero fiel).

Crítica

De un pastelero tan notable como Adam Brooks, autor material de hechos cinematográficos tan infaustos como "Prácticamente magia" o "Wimbledon", cabía esperar tormenta, por lo menos, de su asociación con Ryan Reynolds en película con niña repelente (la omnipresente Abigais Breslin) de por medio catalogada como comedia romántica. Al final no llueve tanto, ni mucho menos y aunque Reynolds, monolítico y monosílabo, conspira con su insulsa fotogenia con cargarse la película, por mucho, también, que la pequeña Breslin pose tan relamida y tan repipi (no por culpa suya, bien al contrario la criatura es una excelente actriz) causando estragos con su personaje adulto-niño que entorpece entre interludios la velocidad eficiente del relato, "Definitivamente quizás" se consume con agradable y agradecida sonrisa, sus encrucijadas emocionales neoyorquinas son de molde, su desenlace, explosión de justicia romántica donde los que se quieren acaban juntos hartándose a comer perdices, decajón, pero la cinta deBrooks tiene ese nosequé de estas y aquellas películas de amor en el aire que contaminan a base de buena onda amorosa.

Estructurando el filme en dos planos temporales, el presente desde el que el padre modélico desglosa para su hija los misterios del amor mediante la disección distorsionada de su curriculum sentimental, y el pasado, que no es sino aquel marcado por las desventuras de un hombre cualquiera deshojando la margarita del amor y con tremenda empanada mental a cuestas incapaz de decidir qué sonrisa femenina más le conviene poner en su vida, Brooks acierta, para variar, con el tono de la fábula, dibujando personajes monovolumen, pero con más de un hervor. Nada de perspectivas planas ni amoríos con doble de nata, "Definitivamente quizás" se exige a sí misma mucho más de lo que se exigen otras producciones de semejante pelaje.

Tanto los roles principales (el del propio Reynolds, que nunca está a la altura de lo que su jugoso papel exige), como los de las tres novias (espléndida, como siempre, Rachel Weisz), o personajillos mezquinos en el atrezo como el escritor al que pone rostro Kevin Kline, o lossoldaditos de campaña de Bill Clinton, pánfilos mequetrefes entregados ciegos a un ideal de cristal ultrafino. Es ahí precisamente, en esa sátira light de la América de la alta política, entre las bambalinas del marketing presidencial, donde la película se crece y se revela gratamente distante de la obtusa intemperie del romanticismo USA de bote con compulsiones filotelevisivas. Por eso, y alguna cosa más, la propuesta de Brooks se degusta con perpleja complacencia, una vez superados los prejuicios de salida para descubrir, detrás del ungüento terco hollywoodiense una película con un punto de corazón y otro de neuronas. Un triunfo habida cuenta de cómo anda el patio en el cine adulto popular y postizo para las masas. "Drefinitivamente quizás" encierra discontinuas dosis de encanto. Palabras mayores para un producto con semejante chasis.

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