En algún lugar de la memoria

En algún lugar de la memoria - Cartel
Título V.O.:
Reign over me
Año de producción:
2007
Distribuidora:
Sony Pictures
Género:
Drama
Clasificación:
No recomendada menores de 13 años
Estreno:
29 de junio de 2007
Director:
Mike Binder
Guión:
Mike Binder
Música:
Rolfe Kent
Fotografía:
Russ Alsobrook
Intérpretes:
Liv Tyler (Angela), Donald Sutherland (juez Raines), Don Cheadle (Alan), Adam Sandler (Charlie), Saffron Burrows (Donna), Mike Binder, Jada Pinkett Smith (Janeane)

Fotogramas de la película

Sinopsis

Charlie y Alan eran muy amigos en la universidad, pero el tiempo les separó. Un día, ambos se encuentran en Manhattan y aprovechan para contarse cómo han ido sus vidas. Charlie perdió a su familia en los atentados del 11 S y no tiene ánimo por retomar su carrera como dentista. Por su parte, Alan parece tener un futuro prometedor junto a su mujer e hijos, pero está agobiado ante sus responsabilidades. En un momento crucial para los dos, su amistad se convierte en un aliciente para salir adelante.

Con "En algún lugar de la memoria" Mike Binder cumple su viejo sueño de escribir una historia sobre la amistad. Binder no es un neófito en esto de la dirección. En su filmografía encontramos títulos como "Más allá del odio" o "Diario de un ejecutivo agresivo", para los que también escribió el guión. En esta ocasión, ha ideado un drama con sutiles toques de comedia que se centra en dos hombres al límite. El mismo Binder ha confesado que escribió el guión escuchando "Quadrophenia", el álbum de losWho al que pertenece la canción "Reign over me", título original del filme.

Una de las sorpresas de la cinta es ver al histriónico Alan Sandler en un papel más serio que los que interpretó en "Ejecutivo agresivo", "50 primeras citas" y más recientemente en "Click". El co-protagonismo es para Don Cheadle, nominado al Oscar por su trabajo en "Hotel Rwanda" y en cartel con "Ocean´s 13". La presencia femenina corre a cargo de la cada vez más consagrada Liv Tyler (Armageddon, El Señor de los Anillos) y Jada Pinkett Smith (Collateral, Ali). En el resto del reparto destaca la aparición del veterano Donald Sutherland (Orgullo y Prejuicio) y del propio Mike Binder.

Crítica

Que Hollywood empiece a mirar a la tragedia directamente a los ojos es una excelente noticia. El 11-S, como hecho sociológico, y no como acontecimiento histórico dramatizable, sigue siendo tabú para la pseudo independencia norteamericana que cuando se atreve a interrogar a los fantasmas post Torres Gemelas se vale de vericuetos metafóricos para sortear el marrón de usar nombres y apellidos. Una mordaza ciertamente limitante en tanto en cuanto la tragedia cercenó de raíz una cierta idea de América para abrir un horizonte nuevo de ponderación del miedo que ha cambiado drásticamente, tal ha sido la magnitud del trauma, el estado de la cuestión del Estados Unidos contemporáneo. Mientras el cine siga eludiendo radiografiar las secuelas directas o indirectas del asunto, estará yéndose por la tangente y obviando las inclemencias de un hito que, tristemente, establece un antes y un después en la idea que los norteamericanos tienen de sí mismos y del mundo que los rodea.

Mike Binder, firmante de la estimable "Más allá del odio", hinca el diente a la cuestión con un melodrama que se traiciona a sí mismo cuando empieza a erigirse en fuente de moralejas y valores peligrosamente representativos. Trasciende una extraña armonía tragicómica en los delirios defensivos del hombre desubicado, el tipo que lo perdió todo aquel maldito amanecer cuando los suyos y el avión en que viajaban perecieron en las fachadas del World Trade Center, sus desvaríos-coraza, las semblanzas inhabitables de sus heridas?"En algún lugar de la memoria" es una apología bien armada de la amistad, antes que una película sobre las cicatrices del 11-S, que tiene a bien limar las aristas más punzantes del dramón con la intrusión de contrapuntos sutilmente cómicos, sabiendo poner al mal tiempo buena cara y limpiando el producto de ungüentos enfáticamente solemnes.

Una representación blandita, como blandito es en general casi todo el cine adulto americano condenado a una postiza independencia, que encierra un nutrido arsenal de buenas intenciones, matizadas por el empeño de Don Cheadle y el radical cambio de registro de un Adam Sandler que no te esperas, que va cediendo sitio, no obstante, a una prestación caricaturesca cuando el drama explota en el último acto poniéndose el traje de Dustin Hoffman en "Rain Man". Pero a esas alturas Binder también ha perdido el mando de la nave y su película decide acoplarse a los moldes más complacientes del melodrama de grandes temas, abiertamente a la busca y captura de la conmoción fácil y la sintonía menos sutil. La sobredosis de emociones y la incapacidad de cerrar la función en un punto álgido de la misma, no dejando ni los restos a la imaginación o interpretación del respetable, ahogan las buenas maneras preponderantes hasta ese enfatizante e innecesario entonces.

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