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Disparando a perros

Disparando a perros - Cartel
Título V.O.
:
Shooting dogs
Año de producción:
2005
Distribuidora:
Lauren
Género:
Drama
Clasificación:
Pendiente por calificar
Estreno:
13 de abril de 2007
Director:
Michael Caton-Jones
Guión:
David Wolstencroft
Música:
Dario Marianelli
Fotografía:
Ivan Strasburg
Intérpretes:
John Hurt (Christopher), Dominique Horwitz (Capitán Charles Delon), Hugh Dancy (Joe Connor), Claire-Hope Ashitey (Marie), Nicola Walker (Rachel), Louis Mahoney (Sibomana), Steve Toussaint (Roland)
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Fotogramas de la película

Sinopsis

Cuando Joe Connor termina la universidad, decide vivir una nueva experiencia contribuyendo a la formación del pueblo africano. Es destinado a Kigali, un pueblecito de la conflictiva Ruanda de 1994. En seguida se gana la confianza de todos, pero el conflicto étnico se hace insostenible. La escuela del Padre Christopher se convierte en refugio para miles de personas que escapan de la matanza y Joe promete a su alumna Marie que no le pasará nada. La ONU abandona la zona y los docentes deben elegir si huir del genocidio o quedarse con los ruandeses. En abril de 1994 el mundo entero se convulsionó por lo que empezaba a ser un gran genocidio en el país africano de Ruanda. Este drama se ha concebido como una crónica de lo que allí sucedió, con episodios y sensaciones de la matanza. De hecho, uno de los productores del filme, David Belton, estuvo en la zona como corresponsal de guerra para la BBC. Rodada en territorio ruandés, fue necesaria la presencia de psicólogos por el rodaje de escenas traumáticas para la población de Kigali. Todo ello está dirigido por Michael Caton-Jones, un realizador capaz de lo mejor y lo peor. Entre sus títulos más conocidos están "Condenado", "Vida de este chico" o la más reciente "Instinto básico 2. Adicción al riesgo". En el reparto, el joven Hugh Dancy, al que pudimos ver en la mencionada secuela de "Instinto Básico" o en "El Rey Arturo". Junto a él, otro viejo conocido de Caton-Jones, John Hurt (V de Vendetta), al que ya dirigió en su exitosa ópera prima "Escándalo". La presencia femenina corre a cargo de Claire-Hope Ashitey (Hijos de los hombres).

Crítica

No tiene quizá la dinamita sentimental de Hotel Rwanda, ni apela a un discurso emocional si se quiere tan elemental y legítimamente demagógico, pero tiene en su haber un par de decenas más de voltios en términos de representación infernal de la hecatombe, y un puñado de centímetros más de punta del bisturí a la hora de formular un discurso escéptico-político de pesadilla, una voluntad beligerante infinitamente más cruda y decididamente más amarga y, sin duda, un hervor de más en lo tocante a la adjudicación de responsabilidades por el ignominioso genocidio ruandés. Es lamentable que una película tan potente, tan incendiaria y, en última instancia, rigurosamente sobrecogedora pase por la cartelera patria con un par de kilos más de pena que de gloria.

Quizá por la lapidaria y nada acomodaticia panorámica del conflicto, quizá por no ser, como la notable Hotel Rwanda, un melodramón de estampas heroícas , quizá por ser tan incómoda por atreverse a apuntar con el dedo sacando los colores a Naciones Unidas, afilando más si cabe la hoja del cuchillo que la cinta de Terry George a la hora de condenar la criminal inoperancia y, lo peor, la ignominiosa complicidad de la institución con la limpieza étnica, por lavarse las manos liberando el cuello de los tutsis, acicándolos para el matadero, cediéndolos al verdugo, silbando y mirando intolerablemente para otro lado. Basada en escalofriantes hechos reales, Disparando a perros cuestiona la naturaleza última del intervencionismo presuntamente pacificador de occidente en los conflictos tercermundistas, la monumental hipocresía de la utopía humanitaria, el clasismo/racismo impresentable de la monumental falacia quintaesenciada en la ONU. Michael Caton Jones dispara a bocajarro, quién lo diría del tipo que firmó Rob Roy o, lo peor, Instinto básico 2, con una cinta política, comprometida y sin ripios, dramáticamente muy bien armada, impagable como testimonio estrictamente histórico de un horror contemporáneo pertinentemente ignorado por los titulares de la prensa primermundista, que arranca lágrimas por la pura inercia de la indignación, y no por la manipulación melodramática de los hechos, porque nunca pretende cargarlas tintas del dolor y la desproporcionada tragedia, y porque se atreve a meter el dedo en una y mil llagas preguntándose, incluso, por la legitimidad ideológica de las misiones posmodernas.

Desde la lucidez de la dialéctica desengañada del soberbio guión de David Wolstencroft, a la intensa composición que John Hurt y Hugo Dancy despliegan de sus respectivos personajes, a Disparando a perros apenas le falta quizá un extra de energía en la puesta en escena y, probablemente, un cineasta con mejor dominio del oficio, pero el conjunto golpea tan duro, apabulla sin cargar las tintas a tal punto, que uno no puede sino recomendar efusivamente el visionado de la cinta antes de que, y durará lo que un bollo a la puerta de un colegio, desaparezca de la cartelera.

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