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Tristram Shandy: A Cock and Bull Story

Tristram Shandy: A Cock and Bull Story - Cartel
Título V.O.
:
Tristram Shandy: A Cock and Bull Story
Año de producción:
2005
Distribuidora:
Vértigo Films
Género:
Comedia
Clasificación:
Pendiente por calificar
Estreno:
23 de marzo de 2007
Director:
Michael Winterbottom
Guión:
Martin Hardy
Música:
Michael Nyman
Fotografía:
Marcel Zyskind
Intérpretes:
Jeremy Northam (Mark), Gillian Anderson (viuda Wadman), Ian Hart (Joe), Steve Coogan (Walter Shandy/Tristram Shandy), Keeley Hawes (Elizabeth Shandy), Rob Brydon (tío Toby), Dylan Moran (Dr. Slop), Raymond Waring (cabo Trym), Naomi Harris (Jennie)
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Fotogramas de la película

Sinopsis

Un cineasta intenta adaptar la célebre novela sobre Tristram Shandy. Steve Coogan es el actor encargado de interpretar a este personaje del siglo XVIII, pero su inseguridad sobre algunos detalles del rodaje le descentran a él y al resto del equipo. El caos de la película llega a su vida personal, ya que no tiene tiempo libre para su familia y, además, se ve salpicado por un escándalo que ha destapado la prensa. Cuando Coogan pierde protagonismo en la historia, el alcohol le juega una mala pasada.

Entre 1759 y 1767 salieron a la luz los nueve volúmenes que componen la novela "The Life and Opinions of Tristram Shandy, Gentleman". Su autor, Laurence Sterne, la concibió como una autobiografía narrada por Tristram Shandy, valiéndose de originales recursos narrativos y fue todo un éxito. Michael Winterbottom, un realizador curioso, personal y con muchos registros, ha dado una vuelta de tuerca a la historia, haciendo una peculiar adaptación de la novela.

Una cómica adaptación que nos sitúa en el rodaje de una película, con actores reconocibles, sobre la biografía del propio Shandy. Para ello, Winterbottom (Wonderland, Camino a Guántanamo) vuelve a contar con los intérpretes que participaron en "24 Hour Party People". Es el caso de Steve Coogan (Noche en el museo), Rob Brydon (Mirrormask) o Raymond Waring (Descubriendo Nunca Jamás). Entre las actrices, Gillian Anderson (la Scully de Expediente X), Naomie Harris (Corrupción en Miami) y Kelly Macdonald (Trainspotting).

Crítica

Winterbottom anda empeñado en sabotear cualquier intento de sistematización retrospectiva de su obra y en no dejar migas por el camino. Muda de piel de proyecto en proyecto y localizar las constantes, el mínimo común denominador de su legado cinematográfico es ardua tarea. En Tristam Shandy da un paso más en términos dedeconstrucción de sus propios esquemas, ejercitando el arte del disfraz y dinamitando puentes con sus últimos inventos.

Nuevo Winterbottom: uno con ganas de juego y empeñado a toda costa de sorprender y sorprenderse a sí mismo. Su última película es todo un manifiesto en tercera persona acerca de la conflictiva convivencia entre cine y literatura, es la rendición de un adaptador a la imposibilidad de la síntesis que deviene en elegía a la impotencia del director incapaz de plasmar en imágenes un clásico de la literatura dieciochesca. Conclusión: hagamos una película sobre la imposibilidad material de poner una novela en imágenes. Por eso Tristam Shandy es dos películas en una: la primera muy mala, sobre las andanzas fragmentarias e inabordables del aristócrata en cuestión, la segunda una suerte de visionado en tiempo real de los contenidos adicionales de una versión doméstica en DVD, entre el Cómo se hizo, las tomas falsas, el diario de rodaje y las escenas eliminadas. Winterbottom sorprende con la reinvención irreverente del modelo de cine dentro del cine, con una aguda y lúcida panorámica de los mecanismos de funcionamiento de un proyecto de presupuesto medio-bajo, que avanza por inercia pero en el que nadie parece tener demasiada fe.

Uno se pregunta dónde quiere llegar exactamente el director de Wonderland, y lo cierto es que no llega muy lejos con este genuino divertimento. Pero la audacia del planteamiento, la interpretación caótica de una representación en dos planos de un ensayo, en toda regla, sobre la comunicación entre el séptimo arte y el papel y, en segundo plano, la capacidad infinita de Steve Coogan de reírse de sí mismo a pierna suelta (como ya hiciera en uno de los cortos Coffee and Cigarrettes de Jarmusch), hacen de Tristam Shandy una experiencia formal y conceptualmente sugestiva con, eso sí, poca gasolina y mediano recorrido.

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