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Invencible

Invencible - Cartel
Título V.O.
:
Invincible
Año de producción:
2006
Distribuidora:
Buena Vista Internacional
Género:
Drama
Clasificación:
Todos los públicos
Estreno:
16 de febrero de 2007
Director:
Ericson Core
Guión:
Brad Gann
Música:
Mark Isham
Fotografía:
Ericson Core
Intérpretes:
Kirk Acevedo (Tommy), Mark Wahlberg (Vince Papale), Michael Rispoli (Max), Greg Kinnear (Dick Vermeil), Kevin Conway (Frank Papale), Elizabeth Banks (Janet Cantwell), Michael Kelly (Pete), Dov Davidoff (Johnny), Sal Darigo (Mick)
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Fotogramas de la película

Sinopsis

El equipo de fútbol americano los "Philadelphia Eagles" decide hacer una jornada de puertas abiertas al público para cualquiera que quiera entrar a formar parte del equipo. Lo que en principio parece ser un lavado de imagen tras una racha de malos resultados, se convierte en la búsqueda, por parte del nuevo entrenador, de un fichaje en condiciones. Nadie cree en la posibilidad de encontrar a un novato que pueda jugar al nivel de la NFL, pero un camarero sin experiencia supera la prueba. La vida de Vince Papale cambia al pasar de aficionado a jugador profesional. "Invencible" cuenta la historia real de Vince Papale, un barman que en 1976 pasó a formar parte del equipo de fútbol americano del que era aficionado. Esta cinta está avalada por los estudios Walt Disney, productora que ya sacó adelante otros dramas deportivos como "El novato" o "Titanes, hicieron historia". Ericson Core se pone por primera vez detrás de la cámara después de haber trabajado como director de fotografía en películas como "Daredevil" o "A todo gas". El reparto está encabezado por Mark Wahlberg, recordado por su papel en "The Italian Job" y por su reciente aparición en "Infiltrados". También destaca la interpretación de Greg Kinnear (Pequeña Miss Sunshine) y de Elizabeth Banks (Seabiscuit. Más allá de la leyenda).

Crítica

Vista una, vistas todas. Los norteamericanos se derriten ante los alardes novelizados de épica deportiva. Flipan con las hazañas ejemplares con balón mediante y no se cansan de que el mindundi de turno elevado a la categoría de héroe nacional en virtud de una suerte de milagro bíblico, les recuerde cuán bello es vivir y a qué punto es cierto que su América es y será por los siglos de los siglos la tierra de las oportunidades. En la misma onda semántica de los entrañables panfletos bigger than life, territorio semi exclusivo de la Disney, tipo Titanes: Hicieron historia, Coach Carter, El milagro y demás parientes, Invencible es almíbar estadounidense concentrado sin autonomía más allá de las fronteras norteamericanas. Hay que ser de aquellos pagos para comulgar con esa adrenalina testosterónica y microcósmica, metáfora de glorias y miserias de la perra vida, que rezuman esas gradas infestadas de cerveza, perritos calientes y barrigas proletarias de mil y un estadios donde el orgullo de lostipos duros de la cancha se aparece quintaesenciado como la viva imagen, tamaño maqueta, de los inescrutables caminos de la vida. Hay que ser americano, además, para no hartarse de tanto videofilme moralizante, y de toda esa elementalidad heroica tan epidérmica y consumida por estereotipos. Por eso Invencible y demás dramones deportivos mueren al cruzar la frontera, por eso se miran con la condescendencia afectiva de un sentimentalismo facilón y de poca monta, de un telefilme-noticia de una hazaña de esas que, de no ser por la presunta veracidad de los hechos, no hay cristiano que se crea. Ésta no es mejor ni peor que otras; mismos perros distintos collares. Tiene su aquel para acólitos de la épica de bote y para los cuatro aficionados patrios que pueda haber de esos tipos con hombreras y casco que avanzan yardas como una falange hoplítica provocando aguas en la línea defensiva enemiga. Invencible es un producto indiscriminadamente sentimentaloide, abundante en irritantes ralentís sacarinados potencialmente apoteósicos, que disfruta del plus que le da la solvencia de Mark Wahlberg y Greg Kinnear que se afanan en bordar la apostura de un par de iconos prototípicos de la utopía postiza esa del sueño americano, y de tipos recios, hechos a sí mismo, acostumbrados a morder el polvo y escupir, elegidos para la gloria. No ofende, no duele, no mata, pero aquí estas epopeyas no venden. Básicamente porque saben a sucedáneo.

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