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La vida abismal

- Título V.O. :
- La vida abismal
- Año de producción:
- 2007
- Distribuidora:
- Filmax
- Género:
- Drama
- Clasificación:
- Pendiente por calificar
- Estreno:
- 26 de enero de 2007
- Director:
- Ventura Pons
- Guión:
- Ventura Pons
- Música:
- Carles Cases
- Fotografía:
- Mario Montero
- Intérpretes:
- Juli Mira (Salvador), Antonio Valero (Ferran adulto), Pepa López (Madre), Oscar Jaenada (el Chino), José Sospedra (Ferran joven), Nausica Bonnín (Rosa), Álvaro Baguena (Padre)
Sinopsis
Ferran es un veinteañero que no encuentra su sitio en la Valencia de los años 70. Sus ansias de libertad e independencia familiar le llevan a participar en timbas de cartas. En una de ellas conoce a El Chino, un noctámbulo jugador que le saca de un apuro económico. A partir de ese momento, ambos entablan una amistad en la que El Chino mostrará a Ferran un mundo desconocido para él. Un mundo apasionante presidido por grandes partidas de póquer en las que no sólo se jugarán grandes fortunas, sino también su orgullo y sus sueños. Ventura Pons se vuelve a poner detrás de una cámara para narrar el retrato autobiográfico que el escritor Ferran Torrent traza en su última novela, "La vida en el abismo". El director catalán teje un guión de carácter estructural en el que la historia no evoluciona cronológicamente sino en torno a tres grandes temas: la amistad, el descubrimiento de la vida y el sentido de la locura. El peso argumental lo sostienen los personajes interpretados por el ganador de un Goya, Óscar Jaenada (Camarón) y por el debutante José Sospedra. Tras el éxito cosechado con "Amigo Amado" o "Manjar de amor", Pons echa la vista atrás para describir, con cierto humor, la pasión con la que se vivían los deseos de liberación en los últimos años del franquismo.
Crítica
El tahúr temerario al que interpreta Óscar Jaenada en La vida abismal es la explosión frustrante de una generación perdida, un suicida modelo que se da mala vida como expiando las culpas de aquella España del desencanto caminando por el agudo filo de la navaja. Ventura Pons no acicala su odisea como una tragedia en crescendo, aunque el fin de fiesta y la perdición inevitable del empedernido jugador es la constatación de un dramón a todo gas, que a través de la suerte fantasmal que rodea la deriva existencial del chino (Jaenada) muta en el testimonio generacional de un perdedor, que es el espejo viviente de esa desesperanza con hedor a ocaso, feliz final de una época e infeliz conciencia de una generación perdida que se oxidó en la alacena de la dictadura quemando la pólvora y pervirtiendo las utopías. La militancia e el subgénero de juego y perdición es la cosmética de una cinta que exorciza los malos espíritus de esa juventud varada en los estertores del franquismo. La vida abismal rezuma melancolía aunque no se pavonea de ella, porque se esconde en el flujo de un tempo firme y extremadamente sutil con semblanzas y guiños al cine norteamericano de azar y perdedores (detrás de la cortina jazzística del acompañamiento sonoro) enunciando un discurso posicional y narrativo eminentemente clásico que no esquiva, sin embargo, la abrupta intromisión de ciertas claves arquetípicas del relato mefistofélico y la dinámica de la baraja y la vida al límite apostándolo todo a una carta día sí y día también. Una de las mejores películas de Pons hasta la fecha y, a la vez, tan aparentemente distante del campo semántico habitual de sus crucigramas sentimentales que encuentra el equilibrio entre imagen y discurso en off que no encontraba en Animales heridos, que era, sin embargo, un producto más acorde con las entrañas estilísticas habituales de su cine. El director catalán sabe seguir siendo fiel a sí mismo a la vez que visita la compleja, y delicada, aritmética del cine de género para vertebrar un testimonio absolutamente personal y simbólico de un tiempo y de una gente, el suyo y la suya de entonces. Óscar Jaenada es un adorable canalla de libro y la suya es una interpretación arrolladora, quizá la mejor de las que hasta el momento adornan su hoja de servicios. La vida abismal es una película que pinta un descenso a los infiernos, generoso en referentes, pero de una pieza, auténtico y sin artificios. Pons sabe exprimir el jugo a la novela de Ferrán Torrent y llevarla a su terreno, donde, él sabe, juega con ventaja. No es ésta, ni mucho menos, una película redonda porque son más los dilemas que se bosquejan que los que se definen, pero los pros pesan, con todo, más que los contras, algo que no sucedía con las dos últimas películas del insobornable Ventura Pons.
Películas más valoradas: Drama
- Cisne negro (2010)
- Film socialisme (2010)
- Mentiras piadosas (2008)
- El discípulo (Jesús, la historia no revelada) (2010)
- Un profeta (2009)
Películas más valoradas de Ventura Pons
- Amor idiota (2004)
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- La vida abismal (2007)




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