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Arthur y los Minimoys

Arthur y los Minimoys - Cartel
Título V.O.
:
Arthur et les Minimoys
Año de producción:
2006
Distribuidora:
New World Films
Género:
Fantástica
Clasificación:
Todos los públicos
Estreno:
15 de diciembre de 2006
Director:
Luc Besson
Guión:
Luc Besson, Céline Garcia, Patrice Garcia
Música:
Eric Serra
Fotografía:
Thierry Arbogast
Intérpretes:
Mia Farrow, Adam LeFevre, Fredie Highmore, Penny Balfour, Ronald Crawford, Douglas Rand, Jean Betote Njamba
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Fotogramas de la película

Sinopsis

Arthur disfruta cada noche de las fantásticas historias que le cuenta su abuela antes de irse a la cama. Increíbles aventuras llenan sus sueños, gracias al mágico libro de su abuelo, el cual lleva desaparecido cuatro años. A medida que Arthur va leyendo el libro con más cuidado, descubre que su abuelo ha dejado un gran número de pistas que llevan hasta un tesoro secreto, en un maravilloso mundo bajo tierra, habitado por pequeños seres llamados Minimoys. El valiente niño decide adentrarse y explorar el mundo de estas diminutas criaturas en busca del tesoro que salvará la casa de su abuela. Para ello tendrá que convertirse en un Minimoy. El cineasta francés Luc Besson (El gran azul, León El Profesional) dirige una historia fantástica que combina animación con imágenes reales. Patrice Garcia, creador del universo de los Minimoys y co-director artístico, que ya trabajó con Besson en "El Quinto Elemento", afirma que ha estado "siempre fascinado por el mundo de los elfos". En los papeles más destacados encontramos a Freddie Highmore, conocido por su papel en la película dirigida por Tim Burton "Charlie y la fábrica de chocolate", y Mia Farrow (Miami). El reparto de voces cuenta con algunas de las figuras más importantes de la música internacional: Madonna da vida a la princesa Selenia, David Bowie a Maltazard y el rapero Snoop Doggy Dog le pone voz a Max.

Crítica

A la última película de Luc Besson no le beneficia en absoluto el atracón de animación 3D que, entre Pixars, DramWorks y demás parientes, lleva el sufrido amante del formato entre pecho y espalda en lo que va de año. En otra coyuntura es posible que la propuesta hubiese encontrado mejor mercado y un público más predispuesto a darle una oportunidad a la intromisión europea en un contexto de monopolio estadounidense, pero no es el caso y, por si fueran pocos los obstáculos, Arthur y los Minimoys, que nada tiene de original aparte del título, es prima hermana de la muy mediocre Ant Bully, uno de los fracasos animados más sonados del año: un chaval que, por azares del destino, se ve obligado a menguar, adaptarse a un mundo indómito (cambien hormigas por elfitos), integrarse y liderar a sus huéspedes en una lucha por la supervivencia porque de él y su arrojo y valentía depende la subsistencia de la especie. Besson, que de imaginación anda sobrado como ya demostró una y mil veces, apuesta por la convivencia entre el pixel y la imagen real, con una fábula infantil hasta el tuétano (avisados quedan los amantes adultos de la animación) con reminiscencias de ese cine aventurero para los más pequeños modelo Jim Henson que se llevaba hace un par de décadas, sin lograr a pesar del sonado y loable empeño dar con la llave del éxito, fundamentalmente porque todo suena a viejo, porque como ejercicio de reciclaje no sabe distanciarse de sus mil fuentes con un punto de vista intransferible, que recorta de aquí y de allá y que, lo peor, no acierta nunca a crear un mundo estrictamente propio, a alimentar la diferencia en sus criaturas que padecen déficit de carisma, y ése es pecado mortal en el cine animado: si los personajes no derrochan desparpajo memorable el producto tiene la consistencia de una hoja en el viento. Es el caso, Arthur y los Minimoys busca su identidad y nunca la encuentra porque, en el fondo, se ceba en el cultivo de arquetipos que ni incitan sonrisas ni emoción alguna. Lo que no mata engorda, pero de un tipo tan ambicioso como Besson se espera un punto y medio más, en contenido y continente, porque el envoltorio animado, más bien discreto, se apoya en un presupuesto de industria pesada, similar, por aquello de comparar, al de Happy Feet, que saca los colores a los minimoys de Arthur. Mejor el acabado de las localizaciones subterráneas que el rudimentario, considerando la holgura presupuestaria, diseño de los olvidables elfos en miniatura. Sirve, si acaso, para tener a los bajitos callados durante hora y media.

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