Un buen año

Un buen año - Cartel
Título V.O.:
A good year
Año de producción:
2006
Distribuidora:
Hispanofoxfilm
Género:
Comedia
Clasificación:
Pendiente por calificar
Estreno:
3 de noviembre de 2006
Director:
Ridley Scott
Guión:
Marc Klein
Música:
Marc Streitenfeld
Fotografía:
Pjilippe Le Sourd
Intérpretes:
Russell Crowe, Tom Hollander, Marion Cotillard, Albert Finney, Freddie Highmore

Fotogramas de la película

Sinopsis

Max Skinner es un exitoso financiero. Su vida se ha basado siempre en el continuo triunfo. La noticia de la muerte de su tío Henry le lleva hasta la Provenza francesa, donde ha heredado una casa y un viñedo. Max aprovecha su suspensión en el trabajo, por un asunto de transacción de bonos, para arreglar los asuntos legales de la herencia. Durante su estancia, recibe la visita de una joven que dice ser la hija ilegítima del fallecido tío y descubre la existencia de un fantástico vino que durante largo tiempo lleva vendiéndose en el mercado negro. La vida sencilla y agradable del lugar llevan a Max a replantearse una nueva filosofía de vida. Ridley Scott ("Thelma y Louise") dirige esta película sobre los distintos valores y filosofías de vida. Tras la exitosa y ganadora de cinco Oscars "Gladiator", Russell Crowe ("Una mente maravillosa") vuelve a ponerse a las órdenes del director británico, esta vez en una comedia ambientada en la Provenza francesa. Junto a él participa también el legendario actor Albert Finney ("Big Fish", "Erin Brockovich"), que ya ha colaborado otras tres veces con el director. Nominado cinco veces al Oscar, Finney encarna al personaje del tío Henry, un papel que no aparece en el novela de Peter Mayle, pero que cobra protagonismo en la película. Uno de los matices destacables es la fantástica fotografía, obra del francés Philippe le Sourd.

Crítica

A Ridley Scott alguien le ha colocado una piel de plátano a los pies para que vuelva a pegarse trompazos sistemáticos y que vuelva el pelmazo a la deriva tocado de muerte que resucitó in extremis con Gladiator. Sus dos últimas películas asustan, no por mediocres o incoloras, sino por la sensación desconcertante de que el director de Blade Runner tiene, otra vez, pie y miedo fuera del tiesto. Después de la sobredosis de épica bluff, complaciente y políticamente correcta de El reino de los cielos, Scott se remanga para pasar por el aro de las convenciones más obsoletas de la comedia romántica paisajística. Un buen año es eso, una suerte de Bajo el sol de la Toscana versión Provenza, con redenciones bucólicas de duro a la peseta. Arquetípica indagación en las velocidades punta de la vida ultramoderna, la alienación materialista y el satanismo del éxito a cualquier precio, este suflé de temporada consagra los excesos urbanitas de un yuppie sin conciencia, que una vez fue bueno pero que ya no se acuerda, un tiburón de la Bolsa que pisa cabezas a diestro y siniestro sin reparar en daños y perjuicios. Rusell Crowe, igual de perdido o más que su mentor Scott, se enamora de la vida, casi sin querer, en un viñedo de la Provenza aprendiendo a amar al prójimo y salvado por la campana, que tiene los rasgos curvilíneos de una hermosa moza autóctona que lo trae por la calle de la amargura. Al final amor verdadero, redención, mea culpa, centrifugado de alma y corazón y moraleja: Si no eres feliz, si los rigores inmorales de la urbe te devoran cómprate, o hereda, una villa en Toscana, Provenza o cualquier otro paraíso mediterráneo con uvas y cipreses y la vida serevelará en todo su esplendor. Un buen año es tan previsible que asusta, está barnizada por un ungüento indigesto de convencionalidad que no hace sino herir aún más la entereza creativa de un Ridley Scott incomprensiblemente blandito y condescendiente con el sentimentalismo más jurásico. Ojo: el producto se mira sin rencor y con sonrisa tonta de oreja a oreja, más que nada porque se adivina el final feliz a años luz y llevarse a casa un baño de sol italo-francés de esos en los que el amor triunfa contra el sucio dinero siempre da vidilla. Ahí están Albert Finney, Tom Hollander y la preciosa Marion Cotillard para aliñar el invento con algo más que romanticismo de salón de matices cómico-folclóricos. Eso y los mareantes paisajes rústicos del paraíso provenzal que decoran la inane resurrección del bueno de Crowe, empeñado en demostrar que la comedia es alérgica a él o viceversa. Lo peor es que es de ésas películas de "me suena o ya la he visto". Con semejante artillería delante y detrás de las cámaras la liviana intrascendencia, reiterativa por demás, de la cinta, no puede sino incitar decepciones. A ver si el tandem Scott-Crowe enmenda la plana con la inminente American Gangsters. Están obligados a borrar el mal sabor de boca de este infeliz reencuentro.

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