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El viento que agita la cebada

El viento que agita la cebada - Cartel
Título V.O.
:
The wind that shakes the barley
Año de producción:
2006
Distribuidora:
Alta Films
Género:
Drama
Clasificación:
Pendiente por calificar
Estreno:
15 de septiembre de 2006
Director:
Ken Loach
Guión:
Paul Laverty
Música:
George Fenton
Fotografía:
Barry Ackroyd
Intérpretes:
Liam Cunningham, Mary Murphy, Cillian Murphy, Roger Allam, Padraic Delaney, Orla Fitzgerald, Mary O´Riordan, Laurence Barry, Damien Kearney
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Fotogramas de la película

Sinopsis

En los años veinte, las tropas británicas enviadas a Irlanda para extinguir los intentos independentistas tendrán que enfrentarse a un ejército de guerrilleros formado por campesinos que sienten un profundo respeto hacia su país. Damien, abandona su propósito de ser médico para unirse, junto a su hermano Teddy, a una sangrienta lucha por la ansiada libertad. La firma de un tratado entre ambos bandos supone el fin del conflicto, pero la situación de paz será momentánea por el repentino estallido de la guerra civil, que conduce a numerosas familias al enfrentamiento violento. Ganadora de la Palma de Oro en el pasado Festival de Cannes, la película realizada por el aclamado director Ken Loach (Sólo un beso), muestra, de forma equilibrada, un periodo complicado y decisivo de la historia de Irlanda. Loach, acompañado por un fijo en su carrera, el guionista Paul Laverty, se apoya en el retrato de grandes personajes de ficción, sujetos a la realidad histórica. El actor Cillian Murphy (Batman Begins, La joven de la perla) encarna al joven Damien, mientras que en el papel de su hermano Teddy podemos ver al debutante Pádraic Delaney. Un drama alejado de los típicos baños de sangre o grandes explosiones, donde lo importante es reflejar la importancia de los ideales y los sentimientos de sus protagonistas.

Crítica

Feliz regreso del beligerante Ken Loach a las arenas del cine arrojadizo, del drama político puro y duro, a la arqueología del grito en el cielo y al historicismo tocanarices. Se echaba de menos ese bendito afán del director inglés por poner el trastero patas arriba buscándole las cosquillas a los paladines de turno de la historia oficial. Nada que ver con el izquierdismo complaciente de Sólo un beso o Felices dieciséis, El viento que agita la cebada muerde dejando impronta y pone de uñas a la Inglaterra conservadora que no suele gustar de recordatorios impertinentes, que detesta que aireen los trapos sucios del conflicto irlandés y aledaños. Lo último de Loach es una aproximación furibunda a los estertores de la dominación inglesa, a punta de puño y fusil, de la futura República de Irlanda, un catálogo de atrocidades consentidas a cuenta del imperio y un fresco histórico de aquel cruce de caminos entre la Irlanda pactista de Michael Collins y aquella otra que se negaba a especular con el Ulster como precio a una paz mentirosa cogida con alfileres. Loach y su guionista Paul Laverty tejen el drama partiendo del contexto, es decir, el relato no es sino un pretexto para ilustrar la resistencia guerrillera de aquella Irlanda confiscada. Por eso el barniz es difuso, por eso El viento que agita la cebada camina sólo de puntillas por los conflictos de sus personajes mientras se afana en delinear su revisión política del traumático penar en pos de la libertad. A la prensa conservadora británica le ha sentado fatal la aproximación deliberadamente visceral a los excesos del ejército imperial y la intolerable intransigencia de las milicias, su criminal política de imposición y pisoteo de la dignidad de los ciudadanos de la isla. Es cuestión de matices, es posible que Loach tienda por pura inercia a idealizar la resistencia armada del campesino irlandés y a poner rabo y cuernos a las fuerzas de ocupación, pero es un debate de minucias y subjetivas desproporciones. El quid de la cuestión es demoledor a grandes rasgos y, al margen de ciertas licencias románticas Loach no se inventa nada que no abarrote los libros de historia. El viento que agita la cebada es una cinta valiosa como documento del polvorín, pero su dramaturgia está a años luz de la crema de la filmografía del cineasta británico más autocrítico de la modernidad. El barniz narrativo no luce la consistencia de otras bombas cinematográficas de su autor y, desde luego, Agenda Oculta sigue siendo, después de todo, la mejor aproximación de Loach al pantanal irlandés, a las sombras y los tabúes del monumental conflicto. Más preocupado por el mensaje, por el semblante de la tragedia que por el andamiaje dramático propiamente dicho, el director de Lloviendo piedras desarma ilustrando no sólo los dislates del ejército británico, aunque sus detractores sólo tengan ojos para lo que les interesa, sino también sobre las contradicciones inherentes al proyecto independentista, a los contraluces de la utopía libertaria y a la tenebrosa metamorfosis de un proyecto deautodeterminación que acaba devorando a sus propios arquitectos despertando las semillas del rencor y la intolerancia. El viento que agita la cebada es una cinta mucho menos lineal de lo que muchos se empeñan en vender, pero carece de la contundencia impulsiva del Loach de principios de los noventa y de un armazón argumental a la altura de sus loables propósitos. Es de cajón que la Palma de Oro de Cannes le viene grande, pero al césar lo que es del césar, ya quisieran muchos otros volar a la altura de Loach cuando vuela bajo. Su cine siempre horada conciencias y a en su última película predica corazón en mano. Llueva lo que llueva los vientos que agitan la cebada siguen siendo tan necesarios como el aire mismo.

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